Viajes y Rincones

Francia 2013-II: Tolouse, Albi y +

JFCamina, 2013

Francia 2013: De Asturias a las tierras Cátaras,

con paradas / Reportaje II: Auch, Toulouse, Albi y Castres.

Ubicación Google-Maps: Asturias - Francia

El pasado recorrido por tierras de Francia, en el año 2012, nos había dejado muy bien sabor de boca, con ganas de volver, pero también una pequeña espinita clavada, la de no poder disfrutar de la preciosa ciudad de San Sebastián (Donostia) como ella se merecía. Por mi parte hacía muchos años que quería conocer la zona del Sur de Francia, especialmente la zona de la Gavarnie, para contemplar su gran cascada. Después vino mi sobrina Carmen hablando maravillas de su viaje por Toulouse, Albí y Carcassonne. Con estos cuatro ingredientes en la coctelera viajera… ¡ya tenemos nuestro Francia 2013!

En el reportaje anterior hemos narrado nuestra aproximación a tierras galas, de Asturias a San Sebastian y Pau. Ahora toca adentrarse definitivamente y afrontar, aunque con un brusco cambio en la programación, la segunda tanda de paradas, las realizadas en Auch, Toulouse, Albí y Castres.

 

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Por el anterior reportaje, el primero de nuestra incursión Francia 2013, sabéis que la noche anterior nos acostamos muy preocupados por la gran cantidad de agua que estaba cayendo, no paró en toda la noche y seguía al levantarnos. Aunque ya habíamos cambiado nuestro siguiente objetivo, pues resultaba impensable acercarnos hasta la Gavarnie con lo que estaba diluviando, no dejaba de fastidiar un poco. Cambiamos los planes y en lugar de ir en busca de las montañas de los cercanos Pirineos pondríamos rumbo al Este al encuentro con la monumental ciudad de Toulousse, asunto que ya contemplábamos desde los inicios de la programación del viaje, pues ya sabéis todos como se las gasta la Madre Naturaleza cuando se pone con gracia, no hay quien pueda con ella, y no seremos nosotros los que nos pongamos a llevarle la contraria.

* D 4 y 5/13: Pau - Tarbes - Auch - Toulouse = 190 / 845 Ac. Kms. coche y 25 / 56 Ac. Kms. paseando.

Con cierto pesar y el fuerte ruido del agua golpeando la carrocería del coche, le damos la espalda a la puerta de los Pirineos, a Pau, y ponemos rumbo a Toulouse, aunque haciendo alguna parada, bueno realmente no muchas, solo una, porque con tanta lluvia no estaba para pasar mucho. Así que Tarbes la pasamos de largo, igual a la vuelta la visitamos. Como es habitual en nosotros, no vamos directos por la autopista, le decimos al Tomtom que se olvide de ellas y, además, que nos aleje un poco de las montañas para huir de las negras nubes, así llegamos a la vieja ciudad de Auch, pues la teníamos apuntada en el mapa como sitio de interés.

(Auch: Visitamos la parte alta de la ciudad, la histórica y monumental)

Unos kilómetros antes de entrar en Auch la lluvia cesó, lo que la salvó de que la dejáramos de lado, aunque un cafetín mañanero no vendría mal igual, pero no hizo falta forzar la situación. Sabemos que esta ciudad, aparte de ser la capital de la Gascuña, tiene la parte histórica-monumental en un alto, desde el cual se domina todo el valle del río Gers (afluente del Garona), el cual divide a la ciudad, así que hacia lo más alto que vamos y aparcamos el coche, por suerte, en una zona libre, una manera guapa de empezar la jornada. Desde la plaza de la Libération atendemos la llamada de las dos grandes torres de la catedral de Santa María, patrimonio mundial, como etapa principal del Camino de Santiago de Compostela.

(Auch: Catedral de Sainte Marie Siglos XV-XVII)

Seguimos callejeando y llegamos hasta la torre de d'Armagnac - Antigua cárcel y la escalera monumental de Auch, construida en 1863, gracias a sus 370 escalones une la parte alta de la ciudad histórica con la nueva ciudad. Al final de la escalinata está decorada con la estatua de mítico mosquetero D’Artagnan, nacido en el castillo Castelmore Lupiac, un pueblo a unos cuarenta kilómetros de Auch.

(Auch: Torre d'Armagnac - Antigua carcel - Siglo XIV)

(Auch: Esclarera monumental que une la ciudad histórica con la nueva ciudad)

No tenemos tanto tiempo como para bajar toda la escalera, así que damos la vuelta y volvemos hacia la plaza de la Libération y nos adentramos por las preciosas callejas, como la de Dessoles, aunque antes tenemos que hacer un alto en el camino para observar el histórico edificio donde se ubica la oficina de turismo, la casa de Fedel, dicen que una de las más antiguas de Auch.

(Auch: Casa de Fedel, unas de las más antiguas, ahora Oficina de Turismo)

Para nosotros es un verdadero placer “caleyar” por estos estrechos pasillos medievales de Auch, sobre todo si tienen preciosos detalles en forma de coquetas tiendas, portales, bares y restaurantes, un poco de ambiente no viene nada mal. Llegamos hasta la iglesia de Saint Orens, el problema de este tipo de calles es que siempre van en bajada, así que la vuelta siempre resulta un poco más dura, pero siempre queda algún detalle que nos quedó olvidado en nuestro cotilleo urbano y nos alivia del esfuerzo.

(Auch: Rue Dessoles)

(Auch: Detalles de los patios y entradas a las casas)

(Auch: Saint Orens)

Aunque ya era la hora de comer francesa, nosotros nos resistimos ante las tentaciones que se nos ofrecían en nuestro paseo, nuestra intención más inmediata era ir hasta una gran urbe y pensamos que allí existiría más flexibilidad horaria. Eso sí, tomamos un cafetín en un bar cerca de la plaza principal, donde Alfonso, tan curioso como siempre, entabló conversación con un supuesto francés que resultó ser un veterano emigrante español, hacía unos cuarenta años que residía en Auch. Tras esta simpática y humana anécdota nos volvemos al coche y ponemos rumbo definitivo a la populosa Toulouse.

(Auch: Hora de comer francesa pero... ¡nos resistimos un poco!)

(Auch: Toca despedirse y poner rumbo a Toulousse)

Para cumplir nuestro deseo llevábamos apuntados tres o cuatro hoteles de la zona centro, lo que nos permitiría visitar el centro de la ciudad caminado tranquilamente. El primero de la lista tenía habitaciones libres, estaba pegadito a la avenida de Jean Jaurés y en pocos minutos en el Capitole, así que aceptamos. El problema nos surgió con el parking, el hotel lo ofrecía, pero el mismo era muy raquítico, así que nos dimos una vuelta y lo aparcamos unas calles más atrás, a lado de la iglesia de St-Aubín. Resuelto el tema de la pernocta nuestra y del coche, solo quedaba avituallarnos, un poco de aseo, descanso y… ¡a callejear!!!

(Toulousse: Iglesia de St-Aubin, donde dejamos al coche en un parking por dos días)

Toulouse es una ciudad en la que se ha producido una gran crecimiento demográfico, resultando la cuarta comuna por población de Francia, suponemos que algo tendrá que ver por ser conocida como la ciudad del espacio. También recibe el apodo de ciudad rosa, debido al color de sus edificios construidos en su mayor parte de ladrillo visto, una “novedad” que reflejará con fuerza en este reportaje, siendo Albí la explosión total. Esta ciudad, que habíamos leído con cierto sabor español, está bañada, precisamente, por el río Garona que nace en el Valle d’Aran (Lérida) y recibe un aporte muy especial de las nieves eternas de Aneto y la Madaleta, en un curioso y precioso “accidente”, en el Forau de Aiguallust (Benasque, Huesca) se filtra por sima Karstica y vuelve a parecer en el Valle d’Aran desde donde se introduce en Francia y entrega sus aguas al Atlántico a la altura de Burdeos. Podemos decir, en primera persona, que es un paraje impresionante, pues tuvimos la oportunidad de verlo en vivo y en directo en una de nuestras escapadas a los Pirineos Oscenses.

Por la avenida de Jean Jaurés llegamos directos al Capitol, ayuntamiento de la ciudad a la cual acabamos de llegar, y su gran plaza con la gran cruz occitana rodeada de los símbolos del zodiaco, aunque antes tropezaríamos con el gran torrerón, el Donjon. Esta gran plaza, al igual que todos los habitantes y visitantes de la gran urbe, será el centro neurológico de nuestra actividad en la ciudad de Toulouse (Tolosa en occitano y español). A partir de esta intersección, a derecha o izquierda, realizaremos nuestras incursiones hacia las grandes obras arquitectónicas y el río Garona, el gran protagonista, sin estar previsto, de nuestra visita.

(Toulousse: Torre Donjon del Capitolio, la parte más primitiva del antiguo ayuntamiento)

(Toulousse: Pasadizo del Capitolio a su gran plaza con la cruz occitana)

(Toulousse: Plaza del Capitolio con la gran cruz occitana y los doce signos del zodiaco)

(Toulousse: Plaza del Capitolio - Ayuntamiento)

Contemplando toda la gran fachada del Capitolio, a nuestra izquierda observamos una calle donde sobresalen dos torres de ladrillo (como casi todo lo de Toulouse), se trata de la calle Taur, la iglesia de Notre Dame de Taur, y más al fondo, la más llamativa, la Torre de la Basílica de St-Sernin, así que no quedó más remedio que encarar la calle e investigar lo que por ella podemos encontrar.

(Toulousse: Plaza del Capitolio y la Rue de Taur)

(Toulousse: Torre de la Basílica de St-Sernin)

(Toulousse: Rue de Taur y la iglesia de Notre Dame de Taur)

Por la cosmopolita calle Taur, llena de pequeños negocios de hostelería, transitamos entre las numerosas bicicletas que por ella circulan, vehículo de dos ruedas muy, pero que muy, empleado en la ciudad donde nos encontrábamos. No entramos en la iglesia de Notre Dame de Taur porque estaba llena de gente ante su puerta, como no nos gusta mucho los follones, la dejamos de lado. Seguiremos hasta el final de la rojiza calle para tropezamos con la interesante puerta Miégeville de la Basílica Románica de Saint Sernin, declarada patrimonio mundial de la Unesco como uno de los grandes hitos del Camino de Santiago, el espíritu peregrino nos sigue persiguiendo.

(Toulousse: Basílica de St-Sernin)

Resultó que nos encontrábamos ante una de las iglesias románicas más grande de Occitania y la segunda más antigua de toda Francia. Se trata de un santuario construido en el emplazamiento de la tumba de San Sernín, obispo que fue de la ciudad y mártir hacia el siglo III. La construcción, más o menos actual data del siglo XI sobre una capilla del V, la cual se quedó muy pequeña por la afluencia de devotos.

(Toulousse: Basílica de St-Sernin - Puerta de Miégeville)

(Toulousse: Basílica de St-Sernin - Puerta de Miégeville)

A nosotros lo que más nos llamó la atención, fue su precioso campanario octogonal y los capitales de la puerta Miégeville, así que fue lo que más fotografíanos. Del resto de los numerosos detalles artísticos no sacamos muchas fotografías, pues la luz natural no era la mejor y como no procede tirar de flash…. ¡no nos prodigamos mucho!

(Toulousse: Interior de la Basílica de St-Sernin)

(Toulousse: Algún detalle interior de la Basílica de St-Sernin)

Salimos al exterior de templo, le damos una vuelta completa al su alrededor y volvimos al Capitolio por la misma calle Taur (del toro), pues parece que el obispo martirizado lo fue siendo arrastrado por un toro y se paró donde ahora está construida la iglesia de Taur, la cual seguía con mucha gente y nos quedamos sin verla por dentro. No nos dio muchas pena, pues, desde el principio, teníamos intención de nos visitar tantas iglesias como en el viaje del año 2012, aún así creo que fuimos bastante despachados.

(Toulousse: Paseo por el exterior de la Basílica de St-Sernin)

Cuando llegamos a las artística galería porticada del extremo Oeste de la plaza del Capitolio, ya el cielo se había tornado muy negro y comenzaban a caer las primeras gotas de agua. Un buen momento tomar algo y ver que ocurría, lo que no tardamos mucho en comprobar. Efectivamente, al poco, una gran tormenta descargó con fuerza, aunque no duró mucho, al menos aquí, porque más arriba, en las cercanas montañas de los Pirineos sería de consecuencias fatales, aunque no adelantemos acontecimientos.

(Toulousse: Detalles del ártistico soportal de la plaza del Capitolio)

(Toulousse: A resguardo de la gran tormenta en los soportales de la plaza del Capitolio)

Tras la tempestad llegó la calma y reanudamos nuestro paseo por la ciudad, aunque ya no sería lo mismo, todas las tiendas habían cerrado y la gente se había esfumado de las calles. En la soledad urbana comprendimos que la campana que señalaba la hora de cenar ya había sonado, así que no quedó otro remedio de buscar un establecimiento que nos ofreciera algo que nos apeteciera, que esto siempre es un pequeño inconveniente, aunque pronto lo resolvimos.

(Toulousse: Un solitario paseo por las rues y....)

(Toulousse: ¡A cenar!)

Cuando salimos de cenar la noche se había echado encima al completo, seguro que los negros nubarrones habían influido un poco, así que encarrilamos la avenida de Jean Jaurés al encuentro del nuestro hotel. Aunque, según nuestras costumbres hispanas, aún era un poco temprano, se agradecío esta retirada, pues estábamos un poco cansados, tanto callejear acaba con uno. Además nos venía muy bien para ponernos al día con la familia y las noticias, es el momento tenso del día: la tele no funciona, no pillo un canal en español, la wifi no me conecta, siempre alguien acaba visitando la recepción.

A la mañana siguiente, cuando nos levantamos y miramos las noticias en la televisión francesa nos enteramos que las lluvias del día anterior habían sido de fatales consecuencias en la zona de Luz-Saint-Sauveur y Lourdes. El río Gave de Pau se había desbordado causando inundaciones de numerosos pueblos y en el Santuario de Lourdes, resultando tres muertos y más de dosmil turistas evacuados del más del centenar de hoteles de la zona afectada. ¡Terrible!, más si tenemos en cuenta que era la zona que nosotros queríamos visitar esa misma jornada, menos mal que supinos cambiar a tiempo nuestro recorrido.

(Toulousse: Mercadillo de las Naciones en la plaza del Capitolo)

Las imágenes eran desoladoras y nos habían dejado un poco traspuestos, en el “petit dejéuner” el tema de conversación fue monotemático, solo unos momentos finales para rediseñar la agenda del día, ahora una visita al cercano río Garona era más que obligada, aunque con paradas. Así volvimos a la plaza del Capitolio, la cual estaba un tanto cambiada con respecto a la jornada anterior, se celebraba el Mercado de las Naciones, el cual visitamos y compramos algo, Mary vino encantada con un precioso bolso. Desde la plaza divisábamos otra preciosa torre, miramos en el mapa guía que nos había facilitado en la oficina de turismo y comprobamos que era la torre del Counvent des Jacobins, así que hasta ella nos dirigimos, además nos quedaba muy cerca del río.

(Toulousse: Torre del Counvent des Jacobins)

(Toulousse: Torre del Counvent des Jacobins)

En la guía práctica francés-español decía: “El antiguo monasterio de los hermanos predicadores (dominicos) es un impresionante edificio de ladrillo, típico del gótico meridoniel. En el interior de la iglesia admiremos el juego de coles (pinturas murales y vidrieras) y las bóvedas de nervaduras; sobre toda la llamada “palmera”. La entrada era tal como nos la contaban, lo de “la palmera” lo entendimos al entrar, pero lo que no esperábamos eran…¡caer sobre ella!, ¡menudo susto!

(Toulousse: Counvent des Jacobins - "la palmera")

(Toulousse: Counvent des Jacobins - "cayendo sobre la palmera")

Realmente fue toda una impresión, a alguien se le había ocurrido la original idea de poner un espejo en la base de la columna principal de “la palmera” y el efecto que esto hace es espectacular e impresionante, además de poder apreciar y potenciar mejor la preciosa joya arquitectónica ante la que nos encontrábamos. No hace falta recalcar que no éramos los únicos, pues a todos los numerosos turistas que allí nos congregamos les pasaba lo mismo, menuda impresión que te daba al tropezar con el espejo, sobre todo si no te lo esperas.

(Toulousse: Counvent des Jacobins - "Arriba y abajo de la palmera")

Como fácilmente se comprueba, el protagonismo fotográfico del Convento se lo llevó la palmera y su espejo, a pesar de otros detalles más que podíamos tener en cuenta. Tras esta singular experiencia arquitectónica tocaba poner rumbo al río, al Garonne, ese gran curso de agua que nace al otro lado de los pirineos y, al igual que en numerosas villas y ciudades francesas, es uno de los protagonistas de Toulousse, pero hoy más que nunca. Así, ya desde la distancia observamos que su caudal es grandioso, pues unas vallas de seguridad nos impiden pasar a la zona del embarcadero, el cual estaba totalmente sumergido, al igual que todo el paseo que va por sus orillas.

(Toulousse: La gran ríada del Garona)

(Toulousse: El río Garona y la torre del Counvent des Jacobins)

(Toulousse: Pont du St-Pierre y Hospital de la Grave)

Realizamos un paseo circular entre el “Pont Neuf” y el “Pont de St-Pierre” comprobando la cantidad inmensa de agua que se desplazaba, la cual parecía una balsa de aceite, solo en la zona de aprovechamiento eléctrico del río, en el “Espacie EDF Bazacle”, el mismo se volvía bravo al romper sus aguas por el salto. Creo que las fotos hablan por sí solas, una pena que no tengan sonido, la verdad que no se me ocurrió apretar el botón rojo de mi cámara para grabar una pequeña muestra.

(Toulousse: Riada del Garona y Hospital de la Grave)

Llegamos hasta la zona “Espacie EDF Bazacle”, lugar histórico de la ciudad, pues aquí se construyó el primer vado cruzable a pie (buzacle) del río, además de numerosos molinos y, más tarde, una central de producción eléctrica. Ahora, parte del recinto se dedica a la producción de energía y otra a sala de exposiciones, nosotros visitamos las dos, además de comprobar la bravura y fiereza del río a muy escasos metros de distancia.

(Toulousse: Espacie EDF Bazacle)

Al final, logramos escapar del influjo del agua, aunque no por mucho tiempo, y reanudamos nuestro paseo río arriba. Por la calle pareja al Garonne vamos contemplando las guapas y curiosas casas de ribera, con su construcción, ¡cómo no!, de ladrido y sus coloridos ventanales y balcones. Llegamos a la basílica de Notre-Dame de la Daurade, edificio relativamente joven (Siglo XVIII-XIX) pero con mucha historia bajo él, pues desde la época romana ya era lugar del culto. Además en su interior alberga una Virgen Negra, muy querida por sus devotos, muestra de ello era la cantidad de lápidas de agradecimiento que en sus muros figuraban.

(Toulousse: Casas a la orilla del río Garona)

(Toulousse: Basilica de Notre-Dame de la Daurade y su Virgen Negra)

(Toulousse: Basilica de Notre-Dame de la Daurade y muestras de agradecimiento a su Virgen Negra)

Salimos de la visita a la Virgen Negra y seguimos río arriba, hasta el puente se San Michael, callejeando y fisgando cada pequeño rincón que tropezamos a nuestro paso, alguno muy curioso. También nos nutrimos un poco, pues tanto “patear” resulta un poco agotador, así que no queda más remedio que hacer un alto en el camino para tal fin, antes de encarar la siguiente visita importante, la de la catedral de Saint-Étienne.

(Toulousse: La mañana resulta muy ajetreada, la visita del "ladrillo rojo" sigue adelante)

(Toulousse: Un lugar un tanto original para aparcar las motos)

(Toulousse: Nos pierden los postres)

Tras seguir admirando la numerosa arquitectónica de ladrillo rojo llegamos ante la plaza de la catedral de Saint-Étienne, un edificio un tanto especial, con muy diversos estilos de construcción, pues se construyó sobre la base de una capilla del Siglo II, así que el paso de los años se deja notar en su personal arquitectura. Una vez dentro llama nuestra atención sus coloridas vidrieras, su gran órgano, cuadros y esculturas, pulpito, etc… toda llena de interesantes detalles.

(Toulousse: Camino de la catedral de Saint-Étienne)

(Toulousse: Catedral de Saint-Étienne - Exterior)

(Toulousse: Catedral de Saint-Étienne - El órgano)

(Toulousse: Catedral de Saint-Étienne - Sus retablos, pulpito y vidrieras)

(Toulousse: ¿qué es?)

(Toulousse: Place Sainte Scarbes)

De camino a los jardines del Museo de la Historia de la Naturaleza seguimos disfrutando de números bellos rincones, como la plaza de Sainte-Sacarbes. Realmente resulta un tanto complicado poner una foto de cada guapo detalle que nos encontramos en nuestro transitar, así que reflejamos lo que más nos impactó, como alguna de las figuras del precioso jardín (Grand Rond, construido en el Siglo XVIII), "La perra" de Pierre Louis Rouillard, entre otras.

(Toulousse: Grand Rond - "La perra" )

(Toulousse: Grand Rond - Un bello rincón entre muchos más)

Desde el Gran Rond, camino del hotel para unos momentos de relax, pasamos por el “Monument aux Morts”, tema muy presente en toda Francia. Nos desviamos un poco para hacer una visita al antiguo mercado de cereales, ahora una famosa sala de conciertos en Toulouse, el Halle aux Grains, construcción de ladrillo rojizo, casi rosa. Realmente la ciudad era tal como nos la habían pintado al principio, de color ladrillo, el cual, en función de la luminosidad del día cambia de tonalidad.

(Toulousse: Monument aux Morts)

(Toulousse: Halle aux Grains)

Tras el largo paseo por Toulouse ya descrito, unos quince kilometrucos de nada, volvemos a confluir en la avenida de Jean Jaurés y directos al hotel, ya teníamos ganas de descansar un poco. Ya tarde-noche volvimos a la calle para dar otro relajante paseo y cenar, este era el segundo día y último en esta colorida ciudad. Creo que nos íbamos más que satisfechos, pues había superado nuestras expectativas, seguro que podíamos haber empleado más tiempo en élla, como visitar la Ciudad del Espacio de Toulouse, pero había que reservar anticipadamente y eso no nos encajaba mucho, así que lo dejaremos para otra ocasión.

(Toulousse: Despedida nocturna, detalle de la tienda Zara de la ciudad)

Un último paseo a la luz de las farolas fue nuestra despedida, mañana levantaremos el campamento y pondremos rumbo al NorEste, en busca de la ciudad de los Cátaros, la preciosa Albí, según me había anticipado mi sobrina Carmen, ya veremos si es tanto como me cuenta, porque de su palabra tengo que fiarme, pues fotos no me enseñó ninguna.

 

* D 6/13: Toulouse - Albi - Almazet - Castres - Carcassonne = 215 / 1055 Ac. Kms. coche y 5 / 31 Ac. Kms. paseando.

La mañana que tocaba abandonar la rojiza Toulouse nos levantamos temprano y, al igual que habíamos hecho la mañana anterior, rápidamente nos fuimos a desayunar a un bar cercano. Después a liquidar la cuenta del hotel (un poco caro para lo que ofrecía, pero el precio de “lo céntrico” había que pagarlo de alguna manera) y a por el coche a la plaza de la iglesia de St-Aubín. Ya en el parking, cuando fui a pagar y me encontré con que la máquina que me pedía 30 Euros por 48 horas, el problema no era la cantidad, sino el modo de pagarla, no aceptaba dinero, solo tarjetas, allí con mucha prudencia y atención metí mi tarjeta y me entendí con ella sin no liarla mucho, ¡menos mal!.

Como la distancia entre Toulouse y Albí no es mucha (unos 80 kilómetros) llegamos a muy buena hora para aprovechar toda la mañana. Decir que Albí es una pequeña ciudad, poco más de 50.000 habitantes regada por el río Tarn, de donde coge nombre el Departamento al que pertenece. Nos cuentan que las arcillas de este río fueron la materia prima esencial para la construcción de los incontables ladrillos necesarios para las numerosas edificaciones de tan bella villa, especialmente su espectacular catedral, parece ser la más grande de mundo de este tipo de material.

(Albi: Bello recuerdo de esta ciudad nos llevamos)

Aparcamos el coche en un lugar cerca del casco histórico y pronto empezamos a pasear por sus vetustas calles, aunque no por eso descuidadas, nos gustó a la primera, pese a que aún no lucía el sol, teníamos buena luz, dándole un toque especial a esta ciudad fundada en tiempo de los romanos. Así llegamos a la famosa puerta del ayuntamiento, después hacia el barrio de Saint-Salvi desarrollado en los siglos XI-XII entorno a la colegiata del mismo nombre, el del primer obispo de la ciudad, allá por el siglo VI.

(Albi: Colegiata y claustro de Saint-Salvi )

Íbamos directos a la plaza de Santa Cecilia, donde se ubica su impresionante catedral rojiza, pero miro a mi derecha y veo un precioso mercado de construcción, más o menos, sexagonal, de ladrillo rojo (¡cómo no!) y precioso forjado. ¡Me encantan los mercados!, y si son desconocidos… ¡mucho más!, así que giramos y hacia él que vamos. El interior superó las expectativas del exterior, sobre todo la cantidad de luz que entraba por los numerosos ventanales, lo que realzaba todo el producto expuesto. Nos quedamos asombrados de la cantidad de quesos que ofertaban, especial de este Departamento de Tarn, también de patés. No me resití y compré uno pequeño para comer en la terraza de un bar de la plaza en compañía de una fresca cerveza, la cual triplicaba, solo en precio, al queso. Estos pequeños detalles son los que no se olvidan de un viaje.

(Albi: Marché Couvert construido en 1905 y reabierto en el 2007)

(Albi: Amplisima variedad de quesos del Tarn y sus patés)

Saciada nuestra curiosidad y aliviada nuestras necesidades nutritivas, toca afrontar el plato fuerte del día, la espectacular catedral “de arcilla” de Sainte Cécile construida enteramente en ladrillo rojo entre 1282 y 1480, como testimonio del poder de la Iglesia Católica ante la herejía cátara. No vamos a contar aquí lo que fueron y significaron los cátaros, sería excesivamente largo, independientemente de la falta de un nivel mínimo para hablar de ello, pero sí apuntar que toda su historia está muy presente en el territorio que estamos y estaremos en este viaje por tierras galas. Sean las causas que llevaron a la construcción más grande del mundo de ladrillo debemos decir que su resultado impresiona, más a los que estamos muy acostumbrados a visualizar catedrales construidas de piedra.

(Albi: Catedral de Sainte Cécile construida enteramente en ladrillo rojo entre 1282 y 1480 )

(Albi: Sainte Cécile, impresiona a los que pensamos que todas las catedrales son de piedra)

Dimos unas cuantas vueltas en torno al gran edificio defensivo, de estilo gótico meridional, según nos cuenta la guía 2013 de Albí que nos facilitaron, previamente en la cercana oficina de turismo. Le sacamos un montón de fotos, pero ninguna recogía la magnitud del mismo en una sola imagen, nos tendríamos que ir muy lejos para que pudiera encajar, para lo cual no teníamos tanto tiempo. Nos conformamos con alguna fotuca de detalles parciales del exterior con su gran torre y pronto entramos a contemplar su fastuoso interior, el cual contrasta mucho con la “austeridad” externa. La entrada por la puerta de Dominique de Florence ya nos va poniendo en antecedentes, ¡menudo bellezón!

(Albi: Catedral de Sainte Cécile - Puerta de Dominique de Florence)

Tras la parada obligadísima a la puerta, toca afrontar el derroche pictórico de su interior: aquí todo lo rojo del exterior se torna azul y dorado, los detalles austeros de la construcción casi militar del edificio chocan con la decoración palaciega del interior, ¡menudo contraste! Nadie podría imaginarse de que fuera así, si solo llegamos a realizar una visita superficial, desde la calle… ¡cuánto nos perderíamos! Veamos algunos detalles.

(Albi: Catedral de Sainte Cécile - El mayor Juicio Final de la Edad Media)

(Albi: Catedral de Sainte Cécile - Numerosa estatuaria de piedra, de filigrana pura)

(Albi: Catedral de Sainte Cécile - Los frescos de la bóveda)

Realmente apabulla tanto y tan concentrado: las pinturas del Juicio Final más grande la la Edad Media, su órgano clásico francés de 1736, las filigranas de piedra, las pinturas de la bóveda, etc…. Complicado está para nuestro nivel entrar en el detalle de cada belleza que contemplamos, así que mejor dejar unas cuantas imágenes y poco más. Decir que la parte más externa del interior es de acceso gratuito, solo para visitar el Tesoro (Trésor) y el Gran Coro (Grand Choeur) debimos de pagar 3 € de entrada, cantidad que no nos pareció excesiva, sobre todo si tenemos en cuenta el valor de lo contemplado.

(Albi: Catedral de Sainte Cécile, sus filigranas y sus santos)

El rincón de Tesoro de la catedral no llamó mucho nuestra atención, todo lo contrario del Gran Coro, donde no quedó otro remedio que sentarse en uno de sus sillones y deleitarse contemplando tanta belleza pintada en el techo, además de las filigranas que lo aíslan del resto de la gran nave. Parece mentira que la mano del hombre tan ruda y basta para tantas cosas y sin embargo tan dulce y delicada para otras, como la que aquí estamos contemplando, realmente parece imposible.

(Albi: Catedral de Sainte Cécile - Apabulla tanta belleza, tenemos que sentarnos para contemplarla)

Tras el momento de relax nutritivo contemplando las filigranas de la puerta de Dominique de Florence tocaba la segunda visita importante de día, la visita al palacio de Berbie, uno de los monumentos más importantes de le Ciudad Episcopal de Albi. Dicha construcción, castillo del siglo XIII, de los mejor conservados de toda Francia dicen, antiguo palacio de los obispos de Albi, alberga la mayor colección del mundo de obras de Henri de Toulose-Lautrec (Albi, 24/11/1864 - Saint-André-du-Bois, 9/09/1901). Ni que decir tiene que sería una temeridad por nuestra parte el no pagar los 8 € para entrar a contemplar la grandiosa colección del singular y genial pintor y cartelista que se destacó por su representación de la vida nocturna parisiense de finales del siglo XIX, así que entramos y nos tiramos unas cuantas horas dentro.

(Albi: Palacio de Berbie - Museo Toulouse-Lautrec - Exterior y entrada)

(Albi: Palacio de Berbie - Museo Toulouse-Lautrec - Interior)

(Albi: Museo Toulouse-Lautrec singular y genial pintor de la noche parisina del siglo XIX)

Alguna de las alas del palacio, sobre todo en la zona de los paneles informativos de la vida y obra del pintor neo impresionista, había unos grandes ventanales con vistas a unos cuidados jardines, de diseño por ordenador podríamos decir, sus curvas perfectas así nos lo hacía pensar. También tenían unas vistas excelentes sobre el río Tarn y sus rojizos puentes, así que tras la visita a la pinacoteca tocó bajar al jardín.

(Albi: Palacio de Berbie y su noble jardín)

(Albi: El río Tarn y sus rojizos puentes)

Por todo lo que vimos y más, la Ciudad episcopal de Albi ha sido clasificada entre las maravillas del Patrimonio cultural de la Humanidad. En el 2010, el Comité del Patrimonio mundial de la UNESCO reconoció el valor universal y excepcional de este conjunto que recibe cerca de un millón de visitantes al año. Razón llevaba la nuestra “Carmencita” en su recomendación, no tiene ojo la niña del mi hermano, por todo ello, antes de abandonar la ciudad de la arcilla le compramos un pequeño detalle, una pequeña muñeca con olor a lavanda, como pequeño premio por su buen gusto.

Tras todo ello ponemos rumbo al Sur, al castillo de Carcassonne, pero antes con parada en Castres, que la teníamos apuntada como villa guapa a visitar y además nos quedaba a medio camino, un sitio ideal para hacer un alto en el camino y relajarnos un poco en unas de las soleadas terrazas de su gran plaza. Casualidades de la vida la villa Castres tiene otro museo dedicado a un pintor muy importante, en este caso de un ilustre español, de Francisco de Goya, con obras suyas y además de otros artistas españoles. Ya era tarde y no pudimos intentar ni siquiera asomar la cabeza, así que nos conformamos con dar un guapo paseo por su calles y a la vera del río Agout (afluente de Tarn), la luz sobre las casas y el río nos dejaron un guapo recuerdo en nuestras retinas y también en la cámara, esto último nos permite compartir un par de fotos.

(Castres: Seguimos en el Departamenteo de Tarn y a la orilla de unos de sus río, el Agout)

En Castres teníamos contemplada la posibilidad de hacer noche, pero nos pareció más interesante seguir hasta Carcassone (menos de 100 kilómetros) y así tener la oportunidad de contemplar su grandioso castillo por la noche, nos apetecía repetir la experiencia de Mont St-Michel nocturno del año anterior. Así pasando “raspando” Mazamet y directos por la Montaña Negra nos dejamos caer al Sur, hacia la ciudadela amurallada.

(Desde Castres por Mazamet y la Montaña Negra para caer sobre Carcassone)

Entramos en el área de influencia visual del castillo cuando los últimos rayos de sol de poniente iluminaban las murallas del mismo. Pena de foto que nos perdimos, pero no encontramos un buen lugar para estacionar el coche, aún así… ¡pena de fotón!. Nos vamos directos al primer hotel que teníamos apuntado en las notas de Mary, a pocos cientos de metros de la puerta principal de entrada al castillo, y la jugada nos salió a la primera, así que directos a darnos una ducha y rápidamente a la ciudadela que nos vamos, era hora de cenar, no nos podíamos entretener mucho, esto no es la cosmopolita Toulouse.

(Carcassone: Cenar, rápida visita nocturna y... ¡a dormir!)

No tuvimos problemas con la cena, pero sí que llegamos de los últimos. Cumplido con la necesidad nutritiva primaria toca dar un paseo nocturno por toda la ciudadela, en la cual no había mucha gente, solo los japoneses, que se alojaban dentro de los hoteles instalados de la misma, nos hacían competencia fotográfica. De las fotos nocturnas solo vamos dejar una, pues ya tendremos tiempo mañana de sacar y mostrar muchas más, ahora es tiempo de volver al hotel y descansar, estábamos rendidos, parece mentira, no habíamos caminado mucho este día, apenas unos cinco kilometrucos registró el “cuentapasos” de Mary, pero aún así… ¡no podíamos con el alma!

Con una foto nocturna de las murallas de Carcassone ponemos fin a este amplio reportaje de tres días por las ciudades de Toulouse y Albí. Creo que tras las numerosas fotos que aquí dejamos, un porcentaje mínimo con respecto al total, reflejan bien a las claras cuanta historia, cultura y belleza, además de multitud de leyendas hemos encontrado en nuestro largos paseos urbanos. Realmente para volver con más detenimiento y precisión.


Ahora toca afrontar una “nueva” etapa, por decirlo de una manera, pues casi todo es una continuación, pero hay que tratar de parcelar los reportajes de alguna manera, en caso contrario serían excesivamente extensos. Para la siguiente entrega afrontaremos las vivencias vividas dentro de una línea recta que nos lleva al Sur, la que va desde Carcassone, Meripoix, Foix y Andorra, pero para esto hay que esperar un poco, tener paciencia, todo llegará, así que...


¡Hasta mañana y otro reportaje!

JFCamina

 

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* Para volver a ver otra ruta cliclea aqui: www.jfcamina.es o Viajes y Rincones

* Notas Generales:

1 - Observaréis que a lo largo de los documentos presentados apenas se hace mención a temas económicos, tal ausencia no es fortuita, ya que a pesar que pensamos que el coste de la actividad, en contra de nuestras estimaciones, nos ha salido muy bien económicamente, no todo el mundo tiene las mismas preferencias de alojamientos, restaurantes o gastos varios, por lo cual siempre entraña que el coste total tenga un componente muy personal, así que preferimos contar lo que, más o menos, realizamos y después cada cual que se adapte a sus necesidades, razón por la que hemos omitido dar referencias económicas.

2 - En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.