Viajes y Rincones

Francia 2012 : Valle del Loira

JFCamina, 2013

Francia 2012: Valle del Loira

(2500 kilómetros sin montañas)

Ubicación Google-Maps: Asturias - Francia

Ya hemos recorridos tres buenas porciones del norte del País Galo, en los reportajes:  Francia 2012: La Bretaña , Francia 2012: Normandía Día D y Francia 2012: Alta Normandía, una buena muestra de los guapos sitios que visitamos, realmente estamos muy contentos y satisfechos de nuestro recorrido, nos ha salido mucho mejor de lo que esperábamos. El buen tiempo, salvo el último día, se había comportado y nos había dejado disfrutar a nuestras anchas, esto siempre ayuda, incluso podríamos decir que lo es todo, con seguridad no hubiéramos tenido la misma perspectiva de las preciosos detalles que visitamos, un ejemplo de ello es lo ocurrido la última jornada, la de Etrêtat y Rouen. Ahora toca iniciar el regreso al hogar, poner rumbo al Sur, aunque no será tan sencillo como en principio cabría esperar, pues el mismo nos ocupará unos cuantos días más.

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Los que vienen siguiendo nuestro viaje por Francia desde sus preparativos conocen que tras recorrer parte de La Bretaña y Normandía, teníamos pensado volver hacia Saint-Nazaire (Nantes) para coger el barco de regreso a Gijón (Asturias), bueno igual teníamos que haber apretado un poco más la agenda, pero esa era nuestra intención inicial. Después vino la idea de “la propina”, la de regresar todo por carretera y aprovechar para conocer algo por el camino, especialmente el Valle del Loria y alguno de sus castillos. En este reportaje trataremos de plasmar alguno de los guapos recuerdos que tuvimos los días que por este largo río Loria pasamos, el cual precisamente desemboca donde nosotros habíamos desembarcado una semana antes.


 

* D09/2012 – “Valle del Loira: Chartres - Blois”.


Itinerario: Rouen – Evreux – Chartres – Marboué  – Chateaudun – Blois – Castillo Chambord (noche) – Blois.

Los nombres en color azul indican poblaciones de referencia de paso, sin parada realizada.

Recorrido en coche: 282 Kms. día / 1763 Kms. acumulados.

Rouen nos había dejado un cierto mal sabor de boca, seguro que el día tan gris que tuvimos no ayudó mucho, así que sin mucho pesar pusimos rumbo al Sur, nos esperaba una largo viaje de transición hasta llegar a la primera parada prevista, Chartres.  Por el camino dejamos de lado otra población que teníamos en la carpeta, Evreux, pero a estas alturas del viaje, bueno más bien desde los preparativos, ya teníamos muy claro que no íbamos a poder con todo. También pasamos rozando la gran urbe de París, los distintos indicadores nos decían que estábamos muy cerca, aunque eso ya era otra historia. Así que con un precioso día soleado entramos en la villa de Chartres, la cual teníamos marcada como lugar indispensable de parada, su impresionante catedral, declarada Patrimonio de la Humanidad, nos esperaba.

(Chartres: Nuestra primera parada en un largo e intenso, además de soleado, día)

Según íbamos entrando en el entorno de la villa nos comenzó a gustar, -¡Qué buena pinta tiene!, era la expresión más utilizada, seguro que el día tan excelente ayudaba mucho a que tuviéramos esas buenas sensaciones, aunque realmente la luz era un tanto especial, no muy común, incluso para un día soleado. En el primer parking que vemos que no nos deja muy lejos del casco histórico dejamos el coche, ya dentro vemos que debíamos estar muy cerca del mismo, las paredes del subterráneo parecían los cimientos de alguna vieja muralla, realmente era un poco chocante. Nos recordaba a nuestra vecina ciudad de Astorga (León), cuando vas a una panadería y te encuentras sobre las ruinas romanas, claro está que protegidas por un grueso cristal.

(Chartres: Ya en el propio parking percibimos las buenas vibraciones)

 Chartres es una pequeña ciudad, en torno a 40.000 habitantes, pero con mucha historia, precisamente como nos gustan a nosotros. Al poco de empezar a callejear nos damos de bruces con un “La Mie Câline”, ideal para comprar el pinc-nic para el medio día, del cual teníamos previsto dar cuenta camino de Blois, donde pensábamos hacer noche, aunque aún no sabíamos a qué hora, como viene siendo la tónica de este viaje, vamos con el “billete abierto”. También al principio nos tropezamos con una guapa y colorida terraza, donde el sol  tímidamente comenzaba a calentar, ¡Uff, cuanto apetecía sentarse!, resistimos a la tentación y seguimos callejeando en busca de la joya del gótico.

(Chartres: Resistiendonos a las terrazeras tentaciones)

En estas distracciones tan mundanas íbamos,que casi nos pasamos de largo la bocacalle que nos daba la entrada a la puerta Sur de la catedral de Notre-Dame de Chartres, menos mal que sus altas torres (más de cien metros) y su llamativo tejado de color verde no pasan precisamente desapercibidas.  Antes de entrar en el recinto, donde se ubica tan impresionante obra arquitectónica, tenemos que aclarar que no venimos en plan estudioso, ni siquiera como aficionadillos al arte, lo que algo somos, sino, que aprovechando que pasábamos por aquí y sabiendo lo que había, no íbamos a ser tan “desnaturalizados” de pasar de largo, aunque una mañana para visitarla era muy poco pero…

Hablar de arquitectura de la catedral de Chartres es tanto como tratar de hacer un extenso relato de historia y de arquitectura,  pues, según parece, sus primeras piedras se  remontan a tiempos anteriores al cristianismo, a la época de los antiguos celtas y sus druidas. En el siglo IV se construyó la primera catedral galo-romana, en el VI una meorovingia, destruida a mediados del VIII y vuelta a construir. Incendiada a mediados del  siglo IX, se construyó una de estilo Románico, la cual volvió a ser pasto de las llamas el 10/06/1194. Fue entonces cuando,  en menos de medio siglo, se construyó otra  pero de un estilo completamente nuevo y diferente, un desafío a las alturas, aparece el gótico.

Entramos en el espacio de la catedral por la entrada Sur, por los impresionantes pórticos, aunque antes tuvimos que volver a resistirnos a caer en la tentación de sentarnos en una terraza para contemplar tan impresionante fachada Sur y su espléndido pórtico. Allí sacamos las primeras fotos, la verdad que no hay espacio para “tirarse para atrás” y que la gran fachada entre en el objetivo de la cámara, hubo que trocearla un poco, aunque mejor así ya que dejamos muestras de los numerosísimos detalles que la misma tiene: figuras, vidrieras, además de los diversos elementos arquitectónicos propiamente dichos.

(Chartres: Portada Sur de la Catedral de Notre-Dame )

Como todos sabemos esta catedral representó un hito en el desarrollo de la técnica del estilo gótico, influyendo en numerosas construcciones posteriores que aprovecharon las nuevas soluciones técnicas. Todo esto lo íbamos comentando, mientras caminábamos con la boca abierta hacia la facha principal,  para inmortalizamos ante las dos infinitas agujas, de 103 y 115 metros, su Portada Real y el gran rosetón. También hicimos un poco de tiempo para salvar a un numeroso grupo escolar que estaba a punto de iniciar la visita, queríamos contemplar la espectacular portada con plenitud en espacio.

(Catedral de Notre-Dame Chartres: Sus dos agujas, la Portada Real y la preciosa vidriera)

(Catedral de Notre-Dame Chartres: También encontramos familiares detalles)

(Catedral de Notre-Dame Chartres: Portada Real)

Ya hemos hablado de los numerosos detalles arquitectónicos que esta espectacular catedral tiene, los infinitos detalles existentes, sus infinitas figuras, sus 176 luminosas vidrieras, sus tres rosetones de más de 10 metros de diámetro, etc…. No es de extrañar que sea una de las catedrales del mundo más estudiadas, realmente necesitaríamos instalarnos una semana en Chartres para poder escudriñar un poco entre tanta belleza, por lo que resulta imposible tratar de contar aquí lo poco que contemplamos y lo mucho que dejaríamos de ver, así que solo pondremos algún detalle fotográfico de lo visto.

(Catedral de Notre-Dame Chartres)

(Catedral de Notre-Dame Chartres)

No recuerdo el tiempo que pasamos dentro de la catedral para ser una ínfima parte de lo que podríamos haber visto. Casi todo el tiempo lo pasamos con la boca abierta y mirando para arriba, hacia las luminosas vidrieras, así que no es de extrañar que algún detalle del piso, como el laberinto, nos olvidáramos de fotografiarlo, un servidor solo tenía ojos para los preciosos rosetones. Un detalle que a los cuatro nos llamó soberanamente la atención fue Notre-Dame du Pilar de Chartres y sobre ella, cómo no, otra vidriera.

(Catedral de Notre-Dame Chartres: Notre-Dame du Pilar de Chartres)

Podríamos haber estado más tiempo en la catedral pero llegó el momento de salir de nuevo a callejear por la luminosa Chartres, ya era la hora de comer y teníamos que ir pensando en avituallamiento, no fuera que si nos liamos un poco más nos quedáramos hasta sin el pinc-nic. Sin lugar a dudas la visita había sido un pequeñísimo aperitivito, sabía a muy poco, apetecía comprar un libro en la primer tienda y empaparse un poco más en la frondosa historia de esta catedral y sus aledaños, realmente nos íbamos con la sensación de que no habíamos visto nada, no es de extrañar que una de las pétreas figuras del exterior pareciera que se mofara de nosotros por el escaso tiempo dedicado a la visita.

(Catedral de Notre-Dame Chartres: -No sabeis lo que habeis dejado atrás, parecía decir la petrea figura)

Tras la visita a la catedral las soleadas terrazas nos volvieron a tentar, esta vez no nos resistimos mucho, más bien todo lo contrario. Era la hora de cerrar las tiendas y parece que la gente lo aprovechaba para tomarse un refrigerio, allí rodeados de gente guapa, nos tomamos el mejor café de todo el viaje francés, estaba buenísimo, con un excelente sabor y su cremita, además a un precio muy interesante, realmente fue sorprendente. Estaba visto que con Chartes teníamos el “santo de cara”, habíamos entrado con buen pie y salíamos… ¡mejor!

(Chartres: -¡Qué tomamos un café!)

Con cierto remordimiento de conciencia dejamos atrás la luminosa villa de Chartres, nos podíamos haber quedado unos día más pero había que seguir el guión marcado. Así con el avituallamiento en las manos seguimos, carretera abajo, la línea recta que existe entre Rouen y Lois, origen y destino de esta jornada. Siempre íbamos muy atentos a todo lo que veíamos a ambos lados del vial, los preciosos campos cultivados, con sus granjas y preciosas casas reclamaban nuestra atención, en esta ocasión con una doble finalidad porque íbamos buscando un guapo paraje donde parar a comer. Fue cuando pasamos de largo el pueblo de Marboué, ya cerca de Chateaudun, cruzamos un puente y por el rabillo de ojo vemos una preciosa área recreativa a la vera del río, hubo que esperar un kilómetro para dar la vuelta, realmente merecía la pena.

(Marboué: Otro delicioso pinc-nic a orillas del río)

El recinto estaba francamente bien, era además un área de autocaravas, espacios que proliferan en abundancia por el país galo. Tras el placentero relajo de la comida, a horario asturiano, ya no teníamos otra idea que ponerle la calle del hotel Etap de Blois y dejarse llevar por nuestro navegador. El hotel elegido no era un capricho, nos habían  gustado estos establecimientos y además queda detrás del castillo de la villa a orillas del Loira que queríamos visitar, así que….

(Blois: "Royale et magique")

Después de un largo rodeo de 1800 kilómetros en coche y no se cuantos en barco estábamos, ¡al fin!, a orillas del río más largo de Francia, a la vera del Loira, el cual pasa por ciudades tan interesantes como Orleans, Tours y Nantes, Blois en la que estamos está justo en el medio de las dos primeras. Igual el Loira, como caudal de agua podría pasar desapercibido, pero entre los siglos XVI al XVII  en sus riberas se construyeron numerosos castillos y palacios, donde la gente poderosa y “guapa”  se relajaba del mundanal ruido parisino, este vistoso y llamativo paraje es lo que hoy conocemos como los “Castillos del Loira”.

(Blois: Palacio renacentista construido por el rey Luis XII)

“Estos paseos permiten descubrir el testimonio prestigioso de una ciudad que se convirtió en ciudad real al advenimiento al trono de Luis XII, en 1498, luego bajo Francisco I (su yerno) y hasta la muerte de Enrique IV en 1610”. Nosotros, como no podía ser de otra manera no las seguimos “a pies juntillas”, por las fotos que sacamos de las placas pasamos por tres de ellas, nos falta “la barca”, aunque hasta el río llegamos y por la noche… ¡lo cruzaríamos!, aunque esto es adelantar mucho.

(Blois: Nos quedó una pendiente para completar la colección, ¡otra vez será! )

Dentro de la misma plaza del castillo, existe una guapa zona de terrazas, la verdad que cada vez se parecen más a la villa en la que residimos, ¿o será al revés?, al lado de estas había una casa palacio de buen presencia la cual no le prestamos mucha atención, Mary se acerca a ella para leer de quien es la estatua, se trata del ilusionista francés Jean Eugène Robert-Houdin. Le causa mucha gracia que exista una escalera que no sube a ninguna parte, aunque realmente parece que sí, se trata de una ilusión óptica, un pequeño truco visual.

(Blois: Casa de la Magia)

Ya nos habíamos olvidado de la casa del ilusionista y de repente empiezan a salir dragones por las ventanas, ¡menudo susto!, vaya sorpresa, realmente muy original, una especial manera de restarle protagonismo al gran Châteaux de Lois, realmente se agradecía un poco después de tanta piedra un toque “mitológico” venía muy bien. Tal es así que grabamos el único video de todo el viaje, la singularidad del detalle así los requería.

(Blois: Jean Eugène Robert-Houdin, 1805 - 1871, ilusionista y unas cuantas cosas más)

 

(Blois: Video de la Casa de la Magia)

Durante la inesperada aparición hubo un momento de tensión, parecía que quería empezar a llover, ¡falsa alarma!, se quedó solo en un conato, así que antes de que se lo tomara más en serio nos lazamos a callejear por la vieja villa de Blois, aunque sin seguir el orden marcado en las bronceadas placas. Oteamos desde las altura del castillo y nos orientamos hacia dónde está situado el río, hacia él nos vamos cotilleando todo lo que a nuestro paso vamos encontrando, incluido algún restaurante que otro, ya que a poco que nos descuidemos es la hora de cenar, a estas alturas del viaje ya sabemos bien como funciona esto por aquí.

(Blois:Orientándonos hacia donde queda el río Loira, además de otros objetivos)

(Blois: La Loire, Pont Jacques Gabriel, 1724)

Después de saludar al río de nuestro viaje comenzamos a subir hacia la plaza de St-Louis, una empinada escalinata nos daba la entrada, unas viejas casas nos indicaban que no estábamos precisamente en la zona de los centros comerciales, a superar no se cuantos escalones nos enfrentamos ante la gran imagen de la Catedral de St-Louis, la cual parecía que se nos caía encima, ¡otra!, dijo Mary. Le hacemos una rápida visita y pronto nos arrimamos hasta los jardines de l’Evêché donde aquí sí que hubo unanimidad y nos relajamos disfrutando de ellos un buen rato, incluso nos sacamos una foto de grupo.

(Blois: Para alzanzar la plaza de St-Louis tenemos que subir un poco)

(Blois: Las viejas casas del barrio nos indican que aquí no es precisamente la zona comercial)

(Blois: Catedral del St-Louis)

(Blois: Jardins de l'Evêché, los jardines del Obispado)

Parece que los jardines del obispado se diseñaron a principio del siglo XVIII después de instalarse el nuevo obispo en su palacio episcopal, edificio que ahora alberga al Ayuntamiento de Blois. Para su construcción “en terrazas” se destruyeron las murallas de la ciudad y hubo que apuntalar el cerro, así que… ¡menuda obra!. En uno de los jardines figura una estatua de Juana de Arco en recuerdo de su paso por Blois en 1429 antes del sitio de Orleáns.

(Blois: Jardins de l'Evêché, estatua de Juana de Arco a su paso por la ciudad en 1429)

Todo esto estaba muy bien pero lo que más llamaba nuestra atención eran, para nosotros, las originales flores o plantas que allí había, especialmente una de ellas, la cual parecía una especie de cardo o una flor del ajo.

(Blois: Estos pequeños detalles florales nos pierden y nos liamos más de la cuenta)

Estos pequeños detalles florales nos pierden y nos liamos más de la cuenta, de tal manera que cuando salimos de la plaza de St-Louis vemos más gente de la cuenta, no especialmente turistas, se trataba de la gente que salía de las tiendas era la hora del cierre, esto significaba que también era el momento de buscarnos la vida para cenar, labor siempre un poco complicado, el horario, para nosotros, no invita precisamente a ello.

(Blois: Parece que comienzan a servir la cena, aunque para nosotros igual era la merienda)

Así que a la vez que íbamos mirando posibilidades culinarias visitamos alguna cosilla más, además de que al compañero Alfonso se parara en una frutería a comprar un poco de fruta, había decidido que hoy no se iba adaptar al horario europeo y cenaría más tarde un poco de su manjar preferido. Con “Alf” declarado en rebeldía nos sentamos en una guapa terraza cubierta por debajo de la zona del Châteaux, no cenamos mucho: Ensalada, brocheta tres carnes, lasaña, creo que no estuvo nada mal y el precio de la comida no fue excesivo, no ocurre otro tanto con la bebida.

(Blois: Lasaña, ensalada y brocheta tres carnes para cenar, "Alf" en rebeldía nutritiva)

Durante la cena decidimos si por fin realizamos la excursión nocturna al cercano castillo de Chambord, me había enterado que por la noche estaba iluminado y sería guapo intentar verlo, así que les venía dando la lata desde que iniciamos el regreso en Rouen. La propuesta fue aceptada definitivamente y después de cenar cruzamos el río Loira por el puente de Jacques Gabriel, donde hacía poco que habíamos sacado unas fotos. Casi se nos frustra el viaje porque al poco de arrancar el coche, comienzan a caer gotitas de lluvia, pero seguimos para adelante.

El castillo a visitar queda unos kilómetros río arriba, en una zona de bosque, la publicidad del paraje es muy llamativa porque presentan unos grandes ciervos. Según vamos dejando atrás la urbe la noche se vuelve más y más oscura, no hay iluminación en las pequeñas poblaciones que pasamos, ya cerca del castillo vamos por un pasillo de grandes árboles, -¿Si nos sale un venao?, realmente daba un poco miedo.

(Blois: Visita nocturna al castillo de Chambord)

Bueno llegamos al destino nocturno, tenemos que pagar por aparcar, ¡faltaría más!, no hay apenas coches ni gente, solo unos que están tomando algo en la terraza de un coqueto hotel. Comienza a llover un poco, no obstante, ya que estábamos allí nos acercamos al castillo, el cual, ¡cómo no!, estaba cerrado, aunque, ¡eso sí!, iluminado. Resultaba graciosa la estampa de los cuatro paseando  en la oscuridad de los bosques de Chambord, este experiencia bien se merece una foto de grupo.

(Blois: Castillo de Chambord, no me extraña nada esa sonrisa nocturna, fue una experiencia...)

El regreso a Blois fue aún más oscuro, ¡menos mal que llevamos el GPS!, en caso contrario no sé a dónde iríamos a dormir, porque realmente muchas señales indicadoras no vimos, al menos no con tanta proliferación como aquí estamos acostumbrados. Cuando llegamos al hotel estábamos rendidos, entre lo movidito de la jornada y la tensión de la noche, no podíamos con el cuerpo. Realmente esta excursión nocturna no había salido muy bien pero sinceramente estuvo simpática, tras la finalización de la misma prometí a mis acompañantes que por este viaje no habría más, aunque esto asegurarlo al cien por cien….

(Blois: La maleta por deshacer esperando la marcha del día siguiente)

Sin las maletas por deshacer, ¡para qué!, sacamos el pijama, un poco de aseo y… ¡directos a la cama!, a soñar con el cafetín “mañanero” que tomamos en la plaza de la luminosa Chartres, la cual nos había dejado un maravilloso recuerdo, alto había quedado el listón para el próximo día, aunque esto nunca se sabe, seguro que, en el especial entorno de castillo de Chenonceaux, encontraremos otro guapo detalle que nos sea inolvidable.


* D10/2012 – “Valle del Loira: Castillo de Chanonceaux”.


Itinerario: Blois – Chaumont-Sur-Loire - Amboise – Castillo de Chenonceaux – Loches – Chinón.

Los nombres en color azul indican poblaciones de referencia de paso, sin parada realizada.

Recorrido en coche: 150 Kms. día / 1913 Kms. acumulados.

Como las anteriores jornadas con salidas nocturnas las horas de descanso fueron escasas, nuestro horario de “diana” seguía siendo el mismo, a las siete y media de la mañana teníamos toque de concentración en el comedor, así que después de una larga jornada de turistero y una pequeña propina nocturna… ¡todo es poco!. Frente al desayuno hacíamos un breve resumen del planing del día, en esta ocasión, para la decima jornada, siguiendo río abajo, el objetivo principal era el Castillo de Chenonceaux, el destino final la villa de Chinón, por el camino tendríamos dos paradas intermedias Amboise y Loches.

(Amboise: Seguimos a la vera del río Loira)

Siguiendo el curso del Loira va una carretera nacional que nos venía de perlas para nuestros fines y a la vez disfrutar del paisaje que íbamos encontrando a nuestro paso, como así ocurrió con el vistoso castillo de Chaumont-Sur-Loire, a la margen izquierda del río, una pena que no hubiéramos parado, cuando nos dimos cuenta ya estábamos casi en la primera parada del día, la ribereña y bella villa medieval de Amboise, la cual, ¡cómo no!, también tiene otro castillo a la vera del río, aunque el mismo parece una poco más urbano.

(Amboise: Detalle lateral de su castillo al fondo de la fotografía)

Llegamos a la villa y aparcamos en zona de “payant” en un guapo paseo a la vera del río, con la imagen lateral del castillo, aún era temprano pues la gente estaba abriendo sus negocios. Callejeamos tranquilamente contemplando las clásicas casas con entramado de madera, la torre del Reloj, la parte exterior del castillo, una bodega exhibición de los famosos vinos del Loira y compramos unos souvenirs en una taller de artesanía de cristal, donde tenían detalles muy originales y bonitos pero… ¡carillos!.

(Amboise: Sus clásicas casas de madera entrelazada)

(Amboise: La Torre del Reloj)

A parte de su castillo la villa de Ambois es famosa por la mansión de Clos Lucé, a medio kilómetro del castillo de la villa,  donde vivió Leonardo da Vinci,  invitado por el rey Francisco I de Francia, los últimos tres años de su vida, hasta que falleció un 2 de mayo de 1519, a la edad de 67 años. En nuestra agenda no estaba realizar  la visita a Clos Lucé, donde podíamos haber observado numerosos detalles del ingenio de gran Leonardo, además de su tumba, pero estaba muy claro desde el principio que este no iba a ser el viaje del conocimiento profundo, sino el de las pinceladas y los “descubrimientos”.  

(Amboise: Detalles desde la calle y las alturas)

Como despedida nos subimos a lo alto de un montículo y contemplamos casi toda la rica villa medieval, con el río suavemente deslizándose hacia el Atlántico. Fue en esta parte de la ruta donde volvimos a encontrarnos con unos “argadiellos” de hierro en forma de X sobre las fachas de las casas y los muros, de mayor o menor medida, su visión nos traía de cabeza hacía días, incluso en la zona de Bretaña-Normandía. Teníamos un pálpito pero le queríamos dar un sentido más profundo, aunque, tal como nos temíamos, su utilidad era mucho más práctica que otra cosa. Servía de refuerzo para las viejas paredes de las villas medievales, el paso de los años se dejaba notar y esas X evitaban, en mayor o menor medida, su desplome.

(Argadiellu en forma de X que nos traía de cabeza)

Dejamos de lado el curso principal del Loira y nos desviamos unos pocos kilómetros para arribar al río Cher, uno de sus numerosos afluentes, allí, literalmente, sobre él se levanta el chàteau de Chenonceu, “El castillo de las Señoras”, según reza la “guía de visitas” que nos dieron al pagar los 11 euros que costaba la entrada al mismo, la había más caras, hasta 16 € con video guía tour (iPod), pero con el libreto creo que teníamos bastante, tampoco era plan de ir “ensimismados” escuchando las excelencias del lugar.

Según parecía que no había mucha gente, lo cual nos extrañaba un poco, pues teníamos conocimiento que era unos de los más visitados, así que aparcamos sin problemas justo al lado de la zona verde del exterior del castillo, donde precisamente se encontraban las taquillas, la zona de souvenirs y la de avituallamiento, viendo este último nutritivo detalle y los bancos al lado del río teníamos ya muy claro que hoy comíamos de pinc-nic, le estábamos cogiendo el tranquillo, además de librarnos de la tiranía horaria.

Entramos al castillo a lo grande, bueno no en calesa, pero sí paseando por una gran avenida de esbeltos y frondosos árboles, así hasta contemplar el bello castillo sobre el río, no es de extrañar que lo primero que realizáramos era una foto de grupo.

(Château de Chenanceau: Con una entrada a lo grande, aunque no fuera en calesa)

Parece que el actual aspecto de Chenanceau se forjó en el siglo XVI y se asentó sobre otra construcción, la fortaleza y molino fortificado de la familia Marqués, de esta primera edificación aún queda en pie la preciosa torre lateral de los Marqueses además de otros detalles más.

(Château de Chenanceau: Torre de los Marqués a la derecha y el castillo sobre el rio a la izquierda)

De todos es sabido que este château fue construido para que residieran las favoritas y esposas de los diferentes reyes franceses, siendo la impronta de éstas las que marcan la diferencia, leamos algún detalle que nos cuenta la guía facilitada con la entrada:

* Diana de Poitiers (1499-1566): En 1547 el rey Enrique II donó Chenonceau a su bella e inteligente favorita. Diana le diseño los jardines, entre los más espectaculares de la época, y con el puente sobre el Cher lo dotó de su arquitectura única en el mundo.

* Catherine de Médicis (1519-1589): Al enviudar Enrique II, Catalina de Médicis, alejó a Diana de Chenonceau, embelleció aún más los jardines y continuó mejorando la arquitectura. A ella se debe la galería de doble piso para organizar suntuosas fiestas. Regenta, Catalina dirige su reino, con fasto italiano, desde su gabinete verde.

* Luisa de Lorena (1553–1601): En 1589, cuando falleció su marido Enrique III, se retiró a Chenonceau de riguro luto blanco, como imponía la etiqueta de la corte. Olvidada de tos, no pudo costearse el tren de vida de una reina madre y vivió, medio encerrada en el castillo, ente lecturas, obras de caridad y rezos. Su fallecimiento marcó el fin de la presencia real en Chenonceau.

Tras esta brevísima referencia a las principales señoras del castillo entramos en la parte construida sobre el río Cher y vemos que lo de número de visitantes no era una quimera, el detalle del suelo desgatado da fe de ello, además de que al poco nos vemos rodeados de gente que nos impedía ver como se merecen los grandes tapices de la Sala de Guardia, además la gente se queda parada escuchando la audio-guia y no hay manera de que te dejen un pequeño espacio de visión, nosotros que pensábamos que no había mucha gente, ¡menos mal!

(Château de Chenanceau: Nada más entrar observamos el desgaste de las visitas)

(Château de Chenanceau: También los numerosos detalles florales actuales)

(Château de Chenanceau: Sala de la guardia, cuesta un poco tomar una foto plena, la gente...)

Para mi gusto, especialmente por el color azul, los aposentos que mas me gustaron fueron los de la bella Diana de Poitiers, la cual a la muerte de Enrique II, el cual le había donado el castillo,  parece que la regente Catalina hizo que Diana se lo devolviera y a cambio le dio otro cercano, precisamente por el que pasamos nosotros de soslayo, el de Chaumont-Sur-Loire, el cual nos pareció bastante interesante.

(Château de Chenanceau: Aposento de Diana de Poitiers)

(Château de Chenanceau: Chimea del aposento de Diana, todas con sus diferentes blasones)

Por la cantidad de gente que allí nos concentramos visitando el castillo, resultaba un tanto complicado mantener un orden de las estancias a visitar, así que íbamos saltando de una a otra en función de lo despejadas que estuvieran las salas que nos íbamos encontrando a nuestro paso. Este aspecto también repercutió en las fotografías a tomar así que en este reportaje tampoco vamos a mantener un orden. Podemos decir que es el tributo de la popularidad del castillo que habíamos decidido visitar, el más recomendado en todas las referencias que buscamos antes de iniciar el viaje a Francia.

(Château de Chenanceau: La biblioteca, donde fotografiamos más cuadros que libros)

(Château de Chenanceau: El Gabinete verde, desde donde Catalina de Médicis dirigía su reino)

Del pase por los aposentos de la nueva dueña del castillo, Catalina de Médicis, nos quedaremos con su Biblioteca y su Gabinete Verde, además de una preciosa visual de sus jardines desde uno de los balcones del castillo. Más adelante veríamos otra de sus aportaciones, la blanca Galería, donde aprovechamos para descansar un poco de tanto agobio de gente.

(Château de Chenanceau: Desde un pequeño bacón contemplamos la Torre del Marqués)

(Château de Chenanceau: El río y los jardines de Catalina de Médicis)

(Château de Chenanceau: Los jardines de Catalina de Médicis)

(Château de Chenanceau: La Galería, donde se realizaban las suntuosas fiestas)

Mención especial merecen los aposentos de la viuda Luisa de Lorena, su oscura confección impresionaba sobremanera, realmente encajaba dentro de la situación personal que le había tocado vivir. Tras la visita a las estancias de esta señora cualquier otra estancia nos parecía llena de luz y color, el constraste era muy fuerte.

(Château de Chenanceau: Aposento de Luisa de Lorena, con ella se acabó la presencia real)

(Château de Chenanceau: Aposento de Gabriela de Estrés con su precioso detalle floral)

(Château de Chenanceau: Aposento de Cesar de Vendôme)

Sin lugar a dudas el castillo, no desmesuradamente grande, estaba a la altura de la fama que preceden a los conocidos “Castillos del Loria”. Además de las estancias de las tres grandes Señoras anteriormente mencionadas y algún personaje más, tenemos otra serie de preciosos detalles dentro de varios salones,  como el de Francisco I y Luis XIV, donde podemos contemplar impresionantes cuadros, mobiliario, chimeneas, etc… la verdad que todo muy llamativo e interesante.

(Château de Chenanceau: Gabinete de les Estampes)

(Château de Chenanceau: Salón Francisco I)

(Château de Chenanceau: Salón Luis XIV)

Anteriormente habíamos comentado la repercusión que tres mujeres habían tenido en Chenanceau, pero estas no fueron las únicas, en el Siglo de las Luces, Lousin Dupín dota al castillo de otro período de explendor, organizando numerosas y brillantes tertulias con los intelectuales de la época, como Montesquieu, Voltaire o Rousseau, que no es decir poco.  A mediados del siglo XIX, de la mano de Margarite Pelouze, recibió una fuerte restauración para convertir el monumento en un lugar para el teatro. Con el siglo XX vinieron las grandes guerras y estas también tuvieron su repercusión, especialmente convertido en hospital. De todo esto nos íbamos enterando a la vez que seguíamos paseando por sus bellos y amplios habitáculos.

(Château de Chenanceau: Más detalles florales)

(Château de Chenanceau: Los techos, ¡qué decir!)

(Château de Chenanceau: ¡Y sus flores!)

(Château de Chenanceau: ¡Y los ventanales sobre el río Cher!)

Tras la visita a las estancias superiores tocó bajar a la cocina, la cual nos pareció muy “nueva”, leímos en la guía y nos informamos que esto había sido consecuencia de las últimas reformas sufridas durante el Siglo XX, cuando el castillo cumplió funciones de hospital en la primera guerra Mundial. Nos llamó mucho nuestra atención la posibilidad que tenía de recibir las provisiones desde el propio río, una puerta o ventana facilitaba la labor.

(Château de Chenanceau: Bajamos a la cocina)

(Château de Chenanceau: Y nos asomamos por un ventanuco al río)

Por la información que facilitan los archivos fotográficos estuvimos dentro del interior del castillo más de hora y media, con seguridad que nos quedó algún guapo detalle por visionar pero ya era hora de dar un paseo por los cercanos jardines. Aunque antes de adentrarnos en ellos nos gusta contemplar la imagen del castillo, especial de cómo el río pasa sosegadamente bajo él, nos recuerda a un gran y coqueto molino, precisamente lo que en su origen debió estar presente.

Tras entretenernos un buen rato sacando númerosas fotos a los “ojos” del chateâu, nos vamos directos al primero de los jardines, para mi más guapo, sería el de Catalina de Médicis. Las grandes tiras de lavanda y las rosas del pitiminí destacan con fuerza sobre el resto del entorno.

(Château de Chenanceau: Vista del castillo desde los jardines de Catalina de Médicis)

(Château de Chenanceau: Llos jardines de Catalina de Médicis, lavanda y las rosas de Pitimini)

(Château de Chenanceau: Vista postenrior del Castillo y la Torre del Marqués)

Dejamos tras nuestro los jardines de rosales arbustivos y nos pasamos  a visitar el otro gran jardín, el de Diana de Poitiers, el cual está como sobre una terraza para protegerlo sobre el río y todo el borde esta lleno de grandes maceteros, aunque antes de llegar a ellos tenemos que distraernos un poco más contemplando la coqueta granja del siglo XVI y la fachada principal del castillo y la torre.

(Château de Chenanceau: Granja del siglo XVI)

(Château de Chenanceau: Vista principal del Castillo y la Torre del Marqués)

(Château de Chenanceau: Los jardines de Diana de Poitiers)

En busca ya de la salida del castillo nos vamos introduciendo por un precioso vergel, de exuberante belleza hasta que nos damos de bruces con las Monumentales Cariátides y el famoso laberinto italiano deseo de Catalina de Médicis. Todo muy bonito y coquetón,  ejemplo del esplendor que vivió el Valle del Loria.

(Château de Chenanceau: La Monumentales Cariátides)

(Château de Chenanceau: El Laberinto italiano de Catalina de Médecis)

Realmente salimos bastante satisfechos por la visita realizada al Château de Chenanceau, como muestra un botón, así que seguramente que no visitaríamos otro más, nos íbamos muy satisfechos de la visita y pensamos que… “visto uno….”, aunque seguro que los más de cuarenta castillos que tienen inventariados como “Castillos del Loria” cada uno tendrá su propios detalles y peculiaridades.

(Château de Chenanceau: En los exteriores, es la hora de comer)

Cuando salimos de la zona restringida,  de pago, del castillo eran cerca de las dos de la tarde, así que ideal para realizar un guapo pinc-nic. Pillamos un banco a la vera del río, con los patitos jugando en la hierba y el agua, nos fuimos a comprar unos bocatas y vimos como hacían los famosos “crêpes”, lo que serían los nuestros “frixuelinos”, así que después de dar cuenta de la parte contundente nos volvemos al puesto y nos llevamos uno para cada uno.

(Château de Chenanceau: En los exteriores, es la hora de comer)

Sin lugar a duda el crêpes comido en Chenanceau no se nos olvidará nunca, estaba delicioso, de impresionante sabor, los habíamos probado anteriormente, estaban bien, pero no tenían nada que ver con el sabor y textura del consumido aquí, además el precio muy razonable. Fue el broche de oro y brillantes a la guapa visita realizada al  Château de Chenanceau, va a estar muy difícil olvidar este nutritivo momento a la vera del río Cher.

(Château de Chenanceau: El crêpes comido aquí seguro que no se nos olvidará nunca)

Tras la “prestosa”  comida tocaba ponerse otra vez en carretera, camino de la posada nocturna, a la cual teníamos previsto realizar en la villa de Chinón, aunque la llegada a la misma se demoraría un poco, no sería directa, pues teníamos previsto, por carreteras secundarias, desviarnos un poco y hacer una parada en villa medieval de Loches de la cual teníamos buenas referencias.

(Loches: Ville Fleurie)

No tardamos mucho en llegar a la Ciudad Florida de Loches, clasificada como ciudad de Arte e Historia, nos costó un poco más aparcar. Cuando llegamos vemos que había mucha zona para aparcar en el centro, nos mosqueamos un poco y entramos en una tienda para preguntar si había algún problema para aparcar libremente, no veíamos el consabido “payant”, la señora se esforzó en explicar que era una zona de hora, que teníamos que comprar un reloj, como aquí hace unos cuantos años.  Aclarado el tema, nos vamos a una zona un poco más alejada, mientras “las chicas” paseaban por la villa, donde aparcamos cívicamente y sin pagar.

(Loches: Villa Florida)

Tras el reagrupamiento general, realizamos un tranquilo paseo por la villa medieval visitando diversos monumentos como la colegiata de St. Ours, Donjon (Torre del homenaje), la torre de San Antonio y otros, todo ello aderezado con un refrescante helado. A la vez que nos paramos en la oficina de turismo y nos explican que significaban los argadiellos en forma de X en las fachadas.

(Loches: Colegiata de Saint-Ours, románica y gótica )

(Loches: Donjon - Torre del homenaje)

(Loches: Torre de San Antonio)

Tras el relajante paseo por Loches tocaba montar otra vez en coche y, por carreteras secundarias al sur de Tours, llegar a otra interesante villa en la cual teníamos previsto hacer noche, hablamos de Chinón, la cual se encuentra muy cerca del cauce principal del Loria, en uno de sus afluentes el Vienne.  Justo por donde entramos en la villa nos encontramos con una estatua de Juana de Arco, la cual forma parte de su historia, un buen aparcamiento y dos de los hoteles que teníamos en la agenda, en el primero que preguntamos, en él nos quedamos.

(Chinón: Una villa con mucha historia)

(Chinón: Y mucha belleza)

El día había sido caluroso así que una refrescante ducha nos venía muy bien, además sin mucha prisa, aún nos quedaba media tarde-noche para pasear un poco visitando esta villa con mucha historia y buscarnos la vida para cenar, lo que siempre sigue siendo un problema.

(Chinón: Su guapas terrazas)

Actualmente Chinón tiene entorno a diez mil habitantes y está construida sobre las dos orillas del río, nosotros nos instalamos en la zona del casco  antiguo y fue precisamente la zona que  paseamos, tomando unas frías cervecinas en las guapas y soleadas terrazas. Tratando de estirar al máximo la hora de cenar, preguntamos en varios locales la hora tope, la que nos dijo… “hasta las nueve”, fue la elegida, además estaba ubicada en una preciosa plaza.

Lo de… “hasta las nueve” no era exactamente así, nos sentamos en torno a las ocho y poco más, una chica que hablaba muy bien español nos acomodó, cuando llegó el maitre dijo que no era hora, -¿Qué pasó?, nos levantamos y antes de abandonar la terraza aparece la dueña y dice que sí, que ha sido un mal entendido, pero teníamos que pedir el menú de la cena, lo cual no nos pareció mal, aunque….

(Chinón: Su castillo)

La cena fue acompañada de vino de la zona, el de Chinón, el cual es muy famoso y estaba bastante bien. También tuvimos la oportunidad de ver cómo le daban la vuelta a dos ciudadanos de habla inglesa, ya no era la hora, realmente era una pena, realmente estábamos acabando nuestro viaje por tierras galas y aún no nos adaptamos, son costumbres diametralmente opuestas.

(Chinón: ¡Ahora de cenar!, aunque.... no exenta de algún problemilla)

Tras la cena bajamos paseando hacia el río, una guapa manera de reposar, la noche se nos había echado encima, esta casuística no calculada  nos permitió tener una preciosa postal nocturna sobre el río, otro de los numerosos preciosos detalles que habíamos tenido en este pequeña excursión francesa, creo que fue un pequeño y precioso guiño.

(Chinón: Postal nocturna sobre el río Vienne, un pequeño y precioso guiño)

Siguiendo el paseo del río, mirando cada poco hacia atrás para contemplar reiteradamente el guapo detalle, llegamos al hotel, donde cogimos la cama con cierta satisfacción, el día, al igual que el resto de este viaje, había sido agotador.  Creo que esa noche,  todos soñamos con repetir el pinc-nic de Chenanceau, el sabor de ese delicioso crêpes en la boca aún perdura, podríamos haber tenido diferencias de cual aposento nos había gustado más, que si el de Diana o Catalina, pero sí que todos teníamos muy claro que aquél postre a la vera del río….

 

¡Al fín!, habíamos concluido nuestra “propina” francesa, la idea inicial cuando planteamos el viaje a Francia era una visita de ocho días por parte de La Bretaña y de Normandía  pero al final introducimos la variante del Valle del Loria, ahora, con esta pequeña ampliación de cuatro días más lo habíamos cumplido y estábamos más que satisfechos. Hablamos de cuatro días y solo han discurrido dos, -¿Dónde están los otros dos?, ¿Os preguntareis?, ¡Tranquilos!, en el siguiente reportaje, en “El Regreso a casa” se contará, realmente promete, aunque el listón está ya tan alto que va ser difícil superarlo, así que…. ¡hasta la próxima entrega!

 




No queremos terminar este reportaje por tierras de la Alta Normandía sin realizar un pequeño recordatorio: Si hasta este documento has llegado de forma casual o aislada, tienes que saber que el mismo forma parde de otro mucho más amplio y ambicioso, el cual hemos titulado como Francia 2012 , solo tienes que "cliclear" sobre la referencia ahora propuesta para ir directamente hacia él.

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Francia 2012

Desarrollo al completo de nuestro personal viaje por tierras Galas, el cual esperamos que sea de vuestro agrado.

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JFCamina

 

* Nota General: Observaréis que a lo largo de los documentos presentados apenas se hace mención a temas económicos, tal ausencia no es fortuita, ya que a pesar que pensamos que el coste de la actividad, en contra de nuestras estimaciones, nos ha salido muy bien económicamente, no todo el mundo tiene las mismas preferencias de alojamientos, restaurantes o gastos varios, por lo cual siempre entraña que el coste total tenga un componente muy personal, así que preferimos contar lo que, más o menos, realizamos y después cada cual que se adapte a sus necesidades, razón por la que hemos omitido dar referencias económicas.


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* Para volver a ver otra ruta cliclea aqui: www.jfcamina.es

* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.

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