Viajes y Rincones

Francia 2012 : La Bretaña

JFCamina, 2012

Francia 2012: La Bretaña

(2500 kilómetros sin montañas)

Ubicación Google-Maps: Asturias - Francia

En el capítulo inicial hemos dado una breve reseña de la génesis del viaje que aquí nos ocupa por tierras de Francia, también los aportes documentales recibidos, la estrategia del recorrido y el viaje en barco. Ahora toca comenzar a realizar kilómetros en coche, ir desgranándolos fotográficamente, comenzando con la primera región que visitamos, la mítica y misteriosa Bretaña para la cual teníamos estimados unos tres días de correría, aunque realmente esto es muy poco, pero, desde un principio, estaba muy claro que este iba a ser un viaje de pinceladas, así que sin más dilación nos apeamos del barco e iniciamos la aventura.

Creative Commons License


Este es el primer gran reportaje de nuestro recorrido francés, el cual será desgranado en función de los tres guapos días que aquí pasamos: uno por el centro (de St-Nazaire a Dinan), otro al occidente (hacia la Costa del Granito), y el último al oriente (Côtes d'Armor a Mont St-Michel). ¿Mucho abarcáis?, pensareis la mayoría, razón no os falta, visto lo visto, si nos hubiéramos quedado los doce días por esta preciosa zona del “cuerno” Bretón seguro que no nos hubiera ido nada mal, pero visto el viaje en todo su conjunto tampoco nos arrepentimos, hay que conocer el resto para poder apreciar y comparar, así que vamos a entrar en detalle para que vosotros podáis hacer lo mismo.


 

* D02/2012 – “La Bretaña: Josselin - Dinan”.


Itinerario: Saint-Nazaire (Nantes) – La Baule – La Roche Bernard - Vannes – Josselín – Dinan.

Los nombres en color azul indican poblaciones de referencia de paso, sin parada realizada.

Recorrido en coche: 260 Kms. día / 315 Kms. acumulados.

Para el primer día de viaje teníamos intención de desayunar en la villa de Josselín y después directos a Dinan, pero unas obras en torno al puerto de Saint-Nazaire provocaron que nuestros “Tomtom” se volviera loco y diéramos un montón de vueltas innecesarias. El pequeño agobio de pisar terreno francés con “mala rueda” desató en nosotros cierta ganas por desayunar y relajarnos un poco, así que, dejando atrás Saint-Nazaire, con cierto alivio, nos estacionamos en la primera villa francesa que nos pareció un poco guapa y pintoresca.

(-¡Comienza la aventura!)

La Roche Bernard sería la elegida para tener el primer contacto con los ciudadanos franceses, ¿cómo nos recibirán?, no quiero dejar pasar mucho tiempo para desvelarlo, realmente tenemos que decir que…. ¡muy bien!, dicho lo principal tenemos que contar que nos sorprendió como se recibían cuando se encontraban en el bar donde paramos a desayunar, con cuatro besos, así de que los “Toilettes” fueran unisex, y otro tema muy importante, que los croissant estaban ¡buenísimos!. El comienzo no estaba nada mal, además el entendimiento, a pesar de nuestro penoso “francés”, era muy bueno, la cosa prometía.

(La Roche Bernard: Nuestra primera parada en Francia, una guapa villa, un anticipo)

Al incorpórarnos de nuevo a la carretera nos apabulló el espectacular puerto deportivo que el pueblo tenía sobre el río, no quedó más remedio que parar y contar barcos, creo que más de cuatrocientos.

Con estas primeras vibraciones iniciales y con nuestro “Tomtom” ya en plan ponemos rumbo al Norte, a la bonita y medieval villa de Josselín, de la cual Luis nos había hablado muy bien. Por amplias y bien asfaltadas carreteras llegamos a ella sobre las diez de la mañana, aparcamos cerca de la plaza e iglesia en una zona libre, lo que nos permitió rápidamente darnos cuenta que la recomendación no era del todo desafortunada, más bien todo lo contrario.

(Josselin: Una acertada recomendación)

En Josselín sería la primera de las numerosas visitas que realizamos a una iglesia Gala, esta marcaría la tónica a seguir, nunca pensábamos que hubiera tantas y tan guapas, realmente no dejaban de sorprendernos cada vez que entrábamos en una población.

(Josselin: La primera de las númerosas iglesias Galas que visitaríamos)


Tras la visita a la iglesia y el correspondiente callejeo por su bello entorno, pasamos a dar la vuelta alrededor de su gran castillo y su lateral río. Verdaderamente nos hubiera gustado comer en la plaza de la villa, las pizarras de las terrazas anunciaban apetitosos platos Bretones, pero llevábamos una programación y no era plan de empezar a incumplirla tan temprano.

(Josselin: Comienza el paseo en el precioso entorno del castillo)

(Josselin: Hasta los pies de las murallas del castillo llegaban los turistas en barco por el río)

Con cierto pesar dejamos atrás Josselín y continuamos nuestra marcha hacia Dinan, esperando llegar antes de que los restaurantes cerraran sus cocinas. Más o menos, así ocurrió, sobre la una de la tarde, hora de comer, llegamos y a la entrada de la villa cogemos uno de los hoteles turísticos que Mary llevaba apuntados. Esto último, de llegar justo a la puerta de donde pensábamos dormir, no era fruto de la casualidad, previamente, antes de arrancar en Josselín le habíamos introducido al nuestro navegador el nombre y número de establecimiento preferido.

(Josselin: La anunciada gastronomía de la zona invitaba a quedarse más tiempo)

La primera dirección hotelera no fue de nuestro agrado, así que pasamos a la siguiente, la cual estaba justo al lado, justo enfrente de la estación del tren. El hotel no estaba mal, sencillo pero limpio, además tenía parking incluido en el precio. Tras dejar las maletas en la habitación rápidamente nos tiramos a la calle en busca de un restaurante abierto, “por los pelos” lo conseguimos, llegamos diez minutos antes de la hora de cierre, a partir de ahora esto iba a ser una constante, ya que realmente no conseguimos adaptarnos a los horarios “Europeos” y siempre andaríamos muy pillados.

(Dinan: Nuestra primera comida Bretona)


Tras nuestra primera comida Bretona, con sidra incluida, y dos horas de descanso en el hotel comenzamos a callejear por la preciosa villa de Dinan, de la cual me había dicho mi sobrinita que era un cocada, como las que figuran en las películas medievales, -¡igual!, recalcó.

(Dinan: Tal como decía mi sobrinita, "una cocada")


Nos pasamos toda la tarde paseando por sus calles viendo las conservadas construcciones y, ¡cómo no!, alguna iglesia. También bajamos y volvimos a subir por su afamada calle Jerzual, terraceamos un poco, hacía calor y la tarde invitaba a tomar una cerveza bien fría, aunque al precio “Europeo”, ¡cuánta diferencia!. Incluso llegamos a comprar el primer souvenir, -¡Pero si acabamos de llegar!, -¡Dejarlos para más tarde!, realmente no hubo manera.

(Dinan: Callejeamos por intra-muros, observando numerosos detalles)

(Dinan: Singular esquina de una calle)

(Dinan: Tour de l'Horlage)

(Dinan: Precioso paseo, parece que estamos en otra época)

(Dinan: Los numerosos detalles hacen que la tarde pase volando)

(Dinan: Basilica Saint-Sauveur)

(Dinan: Otra centenaria contrucción Bretona)

(Dinan: Desde lo alto de las murallas nos asomamos al puerto)

(Dinan: Tras la visita aérea toca bajar la famosa Rue du Jerzual, rue des artisans)

(Dinan: El bajar se hizo llevadero pero volver a subir....)

(Dinan: Antes de cenar visitamos Donjon - Cháteau Musée de Dinan)


A la hora de cenar… ¡otra vez con el horario!, menos mal que los bretones que nos atendieron fueron muy pacientes y amables y nos facilitaron mucho la labor, hasta tal punto que uno de ellos llegó a utilizar la pantalla de su portátil, con traductor, para expresarnos lo que quería decir, ¡así da gusto!, y con esta buenísima sensación nos fuimos para la cama derrotados.

Antes de pasar a otra jornada tenemos que decir, la recogida eran tempranera por estas tierras, especialmente comparándola con la que en Asturias hacemos, a las ocho de la tarde ya no había un alma por la calle y los bares estaban todos cerrando, así que a las nueve ya estábamos en el hotel lo que nos daba tiempo a ver lo que pasaba en el mundo mediante la conexión Wifi gratuita y descansar sobradamente para otra maratoniana jornada, aunque el despertador tocaría a las siete.


 

* D03/2012 – “La Bretaña: Costa del Granito”.


Itinerario: Dinan – St.Brieuc – Binic – Lanloup – Brehec – Paimpol – Islas de Bréhat – Lazardrieux – Louannec– Ploumanac (Costa Granito) – Perros-Guirec - St.Brieuc – Dinan.

Los nombres en color azul indican poblaciones de referencia de paso, sin parada realizada.

Recorrido en coche: 325 Kms. día / 640 Kms. acumulados.

Como ya hemos comentado, desde casa teníamos un interario diseñado, así como los días de pernocta, para Dinan sería dos noches, por lo que no movimos las maletas al salir del hotel para realizar la excursión prevista hasta la Costa del Granito, pero antes volveríamos a probar los deliciosos croissants del desayuno en una cafetería muy coqueta y con un camarero muy atento, aunque los servicios seguían siendo unisex y las servilletas escasas.

(Binic: Una guapa mañana despertó, el día prometía)


Al navegador le introducimos el nombre del siguiente pueblo a visitar, siempre evitando autovías, no queríamos pasar por ellas salvo a la vuelta, de esta manera evitamos pasar por la populosa St.Brieuc y nos vamos a la villa marinera de Binic, donde los numerosos barcos brillaban con fuerza sobre el intenso cielo azul.

(Binic: La oferta gastronomica era tentadora, aunque un poco temprano)

(Binic: La blanca capilla de Notre-Dame d’Espérance)


Tras el correspondiente paseo mañanero por Binic, una corta paradina en la blanca capilla de Notre-Dame d’Espérance, paramos en Lampoup, su impresionante iglesia-cementerio nos obligó casi a ello, después nos acercamos a Brehec y su singular puerto pesquero.

(Lanloup: La colección de iglesias seguía aumentado)

(Lanloup: Nosotros no estamos acostumbrados a ver el cementerio integrado)

(Brehec: Su puerto y su flores no nos dejan indiferentes)


Comentar que el horario “establecido” era estricto, a las ocho de la mañana desayunando y poco después en marcha, así que no era de extrañar que sobre las once estuviéramos en la villa marinera de Paimpol, la cual nos volvió a sorprender por sus numerosos barcos y por una serie de menhires curiosamente decorados colocados por el entornos del puerto, el cual estaba lleno de gente.

(Paimpol: Una guapa y singular colección de menhires)

(Paimpol: No quisimos dejar de inmortalizarnos, aunque las chicas lucen más, por eso su foto)

Unos de los motivos de tanta gente, era por una regata que iba, en su primera etapa, desde el puerto donde nos encontrábamos hasta Gijón, la 43 edición de “La Solitaire du Figaró”. Allí estaban los participantes y acompañantes además de un montón de stands donde se enseñaban y vendían diversos motivos marineros.

(Paimpol: Alguno de los veleros aquí embarcados, en pocas horas, partirían hacia Gijón)


En esta ocasión el horario de comidas lo respetamos, entre paseos por el puerto contemplando barcos y cotilleando los stands, más alguna compra, nos dieron las doce, para nosotros sería la hora del “pinchu”, pero los numerosos restaurantes de la zona, llenos ya de gente, nos recordaron que había que buscar un asiento para comer relajadamente.

(Paimpol: La oferta gastronomica es muy amplia)


Serían nuestros primeros mejillones (moules) franceses y un buen momento para decir que a pesar de nuestro idioma extranjero aprendido en el bachiller, gracias a la buena voluntad de los camareos nos entendimos muy bien para perdir la comida, la sidra o la “carafe d’eau”, es decir garra de agua, aunque algún que otro vecino de mesa ser riera socarronamente pero… “selavi”.

(Paimpol: Ya era hora de probar los famosos moules, no fuera que nos quedaramos sin ellos)

Tras la comida y un paseo con degustación de sabrosos helados, dejamos atrás Paimpol y seguimos la línea costera rumbo al oeste de Bretaña, la Costa del Granito, pero antes pararíamos un buen rato en la zona de las islas de Bréhat , donde necesitaríamos más de un día para disfrutar de un paraje tan singular, así que nos dimos una vuelta pero sin llegar a montar en el barco que nos llevaría hasta ellas.

(Islas de Bréhat: Hubieramos necesitado un poco más de tiempo para entrar en ellas)

También paramos en Lazardrieux , su floreado ayuntamiento y su original iglesia merecían un pequeña parada vespertina, realmente comenzamos a percibir que las flores junto las preciosas y cuidadas casas Bretonas eran las verdaderas protagonistas de esta zona.

(Lazardrieux: Con su singular iglesia y su ayuntamiento)

Antes de llegar a nuestro destino final del día, nos vimos obligados a parar en una villa con una impresionante iglesia con cementerio, se trataba de Louannec . ¿Cómo recuerdas los nombres?, pues muy sencillo, nada más apearme del coche buscaba un cartel donde figurara el nombre, así no se me olvidaría, después, por la noche, los iría apuntando en mi libro de notas.

(Louannec: No pasa desapercibida su iglesia-cementerio)

En esta última parada, viendo que el recorrido iba para largo, decidimos aprovisionarnos para la cena, así no tendríamos la presión de buscar un lugar para cenar, por lo que entramos en una charcutería y una panadería-frutería, la verdad que si no fuera por el poco entendimiento con la pronunciación de los números, nos habíamos entendido a la mil maravillas, aunque esta pequeña deficiencia la subsanamos apuntando la cantidad en la “libretina” de Mary, al salir nos esperaba Alfonso, el cual nos había dejado solos ante el peligro, él pensaba que no podíamos sobrevivir sin su “exquisita” pronunciación pero….

(Imposible no parar el coche para ver las entradas de las casas)


Con tanto entretenimiento no había manera de llegar a la deseada Costa del Granito, pero era imposible dejar de lado tanto guapo que íbamos encontrando a nuestro paso, todo muy cuidado, lleno de verde y flores, hasta los Polígonos Industriales parecían parques de recreo.

(Ploumanac - Costa Granito: Casi llegamos a la hora de cenar "Francesa")


A pesar de todo lo anterior, a eso de media tarde, llegamos a Ploumanac (Costa Granito), donde quedamos prendados de la belleza y paz que emana de las grandes rocas graníticas del silencioso paraje. Para disfrutarlo con más relajo el compañero Alf, como un señor poeta esperando la inspiración deseada, se sentó en un banco ubicado sobre un resalte de la playa, mientras el resto escudriñábamos los numerosos y guapos rincones del guapo paraje Bretón, realmente comenzábamos a tener la seguridad de que había merecido la pena emprender este viaje.

(Ploumanac - Costa Granito: Realmente apeteze quedarse un poco más)

(Ploumanac - Costa Granito: Una semanina por aquí no estaría mal)

(Ploumanac - Costa Granito: Las formaciones graniticas que dan el nombre a la zona)

(Ploumanac - Costa Granito: No nos entraña que los pudientes montaran aqui su castillito)

Abandonamos Ploumanac pensando que sería bueno venir aquí a pasar unos días en exclusividad, ya que además tiene un Gran Recorrido (GR) para caminar por toda la costa Bretona, pero había que seguir el itinerario marcado inicialmente y el regreso al campamento base de Dinan se imponía, aunque antes pararíamos a tomar un cafetín en Perros-Guirec, donde más barcos nos esperaban.

(Perros-Guirec: Más barcos y unos cafés para volver al hotel, la jornada fue larga)


El regreso, al contrario que la ida, lo realizamos utilizando una vía rápida, aunque no teníamos prisa por la cena, ya que viajaba con nosotros, queríamos llegar para descansar un poco ya que la larga jornada de turisteo hacía mella, cansancio con gusto pues ya sabíamos que no habíamos llegado hasta aquí para reposar, además al día siguiente o mejor dicho siguientes, el ritmo sería el mismo, una pequeña tournée de unos 200 ó 300 kilómetros.


 

* D04/2012 – “La Bretaña - Mont Saint-Michel”.


Itinerario: Dinan – Cap Fréhel – Fort La Latte – Saint Briac Sur le Mer – Dinard – Saint Maló – Mont Saint Michel (noche) – Saint Maló.

Recorrido en coche: 225 Kms. día / 865 Kms. acumulados.


Pernoctamos por segunda vez en el hotel Le France y a la mañana siguiente tocaba despedirse de los ricos croissants y del simpático camarero que tan amablemente nos atendió, con el cual incluso llegamos a “chapurrear” algo sobre futbol. Así, con cierto pesar, dejamos tras nuestro la vieja ciudad y bella villa de Dinan. Aunque aún nos quedaba otra jornada más para recorrer la Bretaña, nos íbamos con un cierto sabor agridulce, realmente pensábamos que debíamos haber programado más días para seguir recorriendo su cuerno más occidental, hasta llegar a su Finiesterra, pero está claro que todo no puede ser, había que elegir entre hacer un recorrido global o uno más específico, como éramos nuevos por estas tierras, nos inclinamos por lo primero, ahora con el buen sabor de boca que tenemos, esperamos que con un poco de suerte podamos volver por aquí para hacerle una visita más detallada.

(Cap Fréhel: Un espectacular faro de piedra)


Ya en marcha el primer punto del día a visitar la zona de Côtes d'Armor y su Cap Fréhel, punta geográfica donde las aves tienen su especial hábitat entorno a un majestuoso faro. Muy acompañados, ya que la vista al lugar parece que es muy popular, nos dimos un guapo paseo y observamos la cantidad de gente que se dedicaba al avistamiento de aves y sus criaderos, varios guías con grandes prismáticos les enseñaban los detalles más importantes, nosotros con nuestras humildes cámaras de fotos conseguimos algunos.

(Cap Fréhel: Un especial entorno marino)

(Cap Fréhel: Realizamos un guapo paseo hasta la punta, aireados por la brava brisa marina)

(Cap Fréhel: Un especial paraje para las aves y para los amantes de las mismas)


Desde esta punta del Fréhel, hacia el Este, contemplamos una fortificación, llamó mucho nuestra atención, y puesto que para esa dirección íbamos, hicimos todo lo posible para llegar hasta ella, se trataba de Fort La Latte.
Para alcanzar a divisar de cerca la fortificación tuvimos que dar otro guapo pasein, lo que siempre se agradece y contemplas preciosos detalles, como la casa del guarda del paraje.

(Fort La Latte: La casa del guarda requería unos momento, así como sus campos)

Llegamos al castillo construido incialmente hacia el Siglo X, aunque su actual aspecto corresponde al Siglo XIV, el cual parece que es uno de los más famosos de Bretaña, y vemos que, tal como observamos desde el Cap el mismo está sobre un promontorio rocoso sobre el mar y ha servido para realizar numerosas películas, como Los Tres Mosqueteros y Los Vikingos, la verdad que no nos extraña nada, tiene un pinta que…

(Fort La Latte: El dedo de Gargantua)

(Fort La Latte: Una fortificación de muchos siglos)

Nos olvidamos de la historia y leyendas de la fortaleza de La Latte y ponemos rumbo definitivo al Este, tenemos idea de ir a comer a la señorial y turística villa de Dinard, aunque no será tan sencillo, pues vamos por las carreterinas que van más pegadas a la costa y esto trae muchas distracciones.

(Saint Briac Sur le Mer: Una zona costera con guapos detalles)


Así antes de comer pasamos por Saint Briac Sur le Mer, otro precioso rincón Bretón, donde el mar, la rasa costera y sus flores, forman un precioso cuadro, imposible no pararse a contemplarlo. Nuestro pesar fue observar los numerosos senderos andariegos, que pena no poder quedarse mucho más tiempo y disfrutar perdiéndose por aquí, además con el día tan guapo que teníamos.

(Dinard: Villa señorial y costera)

Sobre la hora de comer, Francesa, llegamos a Dinard, donde apreciamos que el nivel económico va subiendo de tono, las señoriales construcciones y menos casas rurales así lo delatan. Parece que este es un lugar muy querido para la estancia vacacional, sus numerosos establecimientos hosteleros nos dan cuenta de ellos. Antes de sentarnos a comer algo, nos damos una pequeña vuelta por la zona de la playa y observamos una estatua del director cinematográfico Alfred Hitchcock, ¿Qué pintaba aquí?, nos preguntamos, pensamos en la película pájaros, pero después nos enteramos que esta zona era lugar de vacaciones de influencia Británica y que mejor que hacer un Festival de Cine Británico, parece que el premio a la mejor película se lleva el Hitchcock de Oro.

(Dinard: "Hitchcock de Oro" premio a la mejor película del Festival de Cine Británico)

Tras un primer paseo inicial pasamos a comer por unos de los numerosos restaurantes, en este caso un menú Formule, el nuestro “menú del día” interpretamos, así que nos volvimos a comer una Galete y un crep, la primera, para mí, la mejor de todas las que probé, además de su copa de sidra Bretona, la cual nos encantaba a todos, incluso a la que no le gusta la sidra de Asturias.

(Dinard: El "menú del día")

(Dinard: Galette y ensalada)

(Dinard: Crepes)

Después de comer nos dimos otro paseo, en esta ocasión por el paseo que bordea la playa en dirección oriental, así sin darnos cuenta, casi nos plantamos en la vecina Saint Maló, sus murallas las teníamos tan cerca que casi las tocábamos, aunque para llegar a ella había que dar un largo rodeo.

(Dinard: La playa y su señoriales villas)

(Dinard:El paseo y al final nuestro próximo destino, Saint Maló)


Para llegar al hotel de Saint Maló, sin muchos problemas programamos la dirección de uno que Mary había mirado, el cual no quedaba precisamente en intramuros, sino un poco apartado en una playa cercana, así, sin muchos problemas, llegamos a Saint-Servan. El motivo principal de la elección era que según la información que portábamos hablaban Español e Inglés, se ve que a la persona que hablaba nuestro idioma libró ese día porque Mary & Alf tuvieron que entendérselas con un Británico, aunque no hubo ningún problema.

(Saint Maló: Saint-Servan, nuestra parada para visitar la villa corsaria)

(Saint Maló: Saint-Servan, vista de nuestro Británico hotel Le Cunnigham's)

No paramos mucho en la habitación, rápidamente cogeríamos el coche y nos iríamos al centro a pasear por las murallas corsarias de Saint Maló, desde las que observamos sus grandes playas y el efecto de las grandes mareas, tan pronto saltando por encima de ellas, como al poco casi en las lejanas islas Británicas, realmente curioso efecto que la luna provoca en esta parte del norte de Francia.

(Saint Maló: Ante las murallas de la villa corsaria)

(Saint Maló: Un guapo paseo por intra-muros)

(Saint Maló: Con antiguas estancias donde descansar)

(Saint Maló: Nos aupamos a la alto de la muralla para contemplar el Fort National y las mareas)

(Saint Maló: Piscine de Bon Secours )

(Saint Maló: Las juguetonas gaviotas son las dueñas de la amurallada villa corsaria)

(Saint Maló: Le Gran Be y Le Petit Be)


Finalizamos nuestro paseo por las murallas y bajamos a callejear por la vieja ciudad corsaria, nos gustaron mucho las tiendas, donde las había de calidad y originalidad. También nos paramos a tomar algo en una pintoresca cantina, cuando nos dimos cuenta ya era la hora de buscarnos la cena. Realmente esto de comer en el país vecino, para nosotros es un rollo, eran las seis de la tarde y ya teníamos que estar pensando en cenar, no había manera de relajarse un poco e ir a cenar cuando uno ha realizado todo lo previsto, como solemos hacer por aquí.

(Saint Maló: Hora de relajarse un poco, la jornada será larga)

Dentro de mis planes para el día de hoy estaba hacer una visita nocturna a la cercana bahía de Mont Saint-Michel, quizás el motivo principal que nos llevó a realizar este viaje conjunto. A todos nos apetecía ir hasta Saint-Michel, pero a mí me ilusionaba mucho hacerlo de noche, era un verdadero plus. Mis compañeros me concedieron este capricho y rápidamente nos avituallamos de un pic-nic Bretón y a realizar la excursión nocturna que nos fuimos.

(Saint Maló: Hora de aprovisionarse para la cena, hoy toca Far Bretón, ¡riquisimo!)

Al llegar a las proximidades de Mont Saint-Michel pronto nos dimos cuenta que aquello había cambiado bastante con respecto a la información que teníamos, ahora no se podía llegar en coche hasta la mismísimas puertas de la abadía. Efectivamente así era, una amplia zona de aparcamientos de pago y zonificados según categoría de visita (hotel, trabajador, visitante, etc…) nos esperaba. Lo feo de todo esto fue que nos tuvimos que enterar hablando con una maquinita que hablaba, ¡cómo no!, Francés, realmente simpático. Tras pagar los 8 € establecidos nos dirigimos a la zona de hoteles que hacen de barrera a la famosa estampa de Mont Saint-Michel.

(Mont Saint-Michel: Toca entenderse con una máquinita francesa y pagar 8 €)

Un bordillazo me había puesto de mala leche, estaba claro que no habíamos entrado con buena rueda en este emblemático lugar, además cuando nos enfrentamos a la estampa esperada vemos que todo estaba en obras, parece que las mismas van a dejar esto mucho más vistoso dentro de unos años pero ahora lo que teníamos ante nosotros eran máquinas trabajando, ya me estaba arrepintiendo de esta excursión nocturna.

(Mont Saint-Michel: Foto de grupo expedicionario y paseo hasta las puertas de la abadía)


La noche no llegaba, era un poco temprano, no así para cenar, así que aprovechamos las nuevas instalaciones ya ejecutadas para degustar el pic-nic Bretón frente a la famosa abadía de San Aubert, realmente todo un lujo. Aún así la oscuridad no llegaba, para hacer tiempo vamos caminando hasta la entrada de la abadía y callejear un poco por sus estrechas y empinados recovecos.

(Mont Saint-Michel: Aún es temprano para hacer una foto nocturna así que toca callejear)

(Mont Saint-Michel: Como es de esperar de una abadía los temas eclesiasticos están muy presentes)

(Mont Saint-Michel: Su reduccido espacio hace que el cementerio esté también presente)

(Mont Saint-Michel: A los crêpes hay que rellenarlos)

(Mont Saint-Michel: Ya está oscureciendo, ¡bien!)

Al fin llegó la oscuridad y con ella los hombres y mujeres de ojos rasgados portando sus grandes cámaras y equipados con su chaleco reflectante. ¡Vaya cuantos!, ya me lo había advertido mi sobrinita, - Sí tíu, ¡no sabes tú cuantos!, con cierta sorpresa me comentaba, la verdad que razón tenía. Todos los allí reunidos disparamos nuestras cámaras casi alocadamente, tratando de tomar la mejor foto, realmente no sé cuantas habrán salido dignas de enseñar, pero allí sí que se sacaron muchas fotos, no me extraña que sea uno de lugares más fotografiados del mundo.

La verdad que realizar una visita nocturna a Mont Saint-Michel era mi capricho planificado, así les debía parecer a mis acompañantes, pero ya que estábamos tan cerca sería una pena no concedérmelo, además seguro que no se arrenpintieron, podríamos decir que era una experiencia única.

(Mont Saint-Michel: Una postal muy deseada, quizás única)

Alfonso siguió tirando de su francés de bachillerato y se enteró que el autobús eléctrico, de dos cabezas, era gratuito y nos llevaba hasta la zona de los hoteles, no así hasta el parking, el cual queda un poco más allá, parece que hacía el servicio hasta la una de la mañana. A nosotros hasta las doce de la noche nos bastó, con cierta satisfacción, dejamos, a nuestras espaldas, a los simpáticos turistas de ojos rasgados y, por las oscuras carreteras Francesas, volvimos a Saint Maló, de Normandía volvimos a la Bretaña, ya que la famosa zona está, más o menos, en la frontera de las dos vecinas regiones, de hecho vimos un “imán” con la figura del Mont Saint-Michel sujetado por los extremos por un Bretón y un Normando, parece que tiraban con rabia de la conocida silueta, a la cual volveríamos horas después.


Alguien podría pensar el por qué no pernoctamos en uno de los hoteles de la zona de Mont Saint Michel, pero hasta mañana no lo sabremos, algo habíamos dejado atrás y había que seguir la programación.


Aquí finalizamos nuestro “raquítico” paseo turístico por La Bretaña. Adelanto, que desde la ventaja que da estar en casa escribiendo este pequeño resumen e influenciado por mi interés por la naturaleza, si me surgiera la oportunidad de repetir escenarios, sin menospreciar los anteriores recorridos realizados, tal circunstancia sería para iniciar un precioso e interesante recorrido por todo el “cuerno” Bretón, desde St-Nazire a Lorient y Brest, para después pasar por la Costa del Granito, Dinan, Dinard y Saint Maló, regresando, justo a tiempo, para volver a coger el barco, realmente lo visto estos tres intensos días la aventura promete ser verdaderamente interesante.

No queremos terminar este reportaje por tierras Bretonas sin realizar un pequeño recordatorio: Si hasta este documento has llegado de forma casual o aislada, tienes que saber que el mismo forma parde de otro mucho más amplio y ambicioso, el cual hemos titulado como Francia 2012 , solo tienes que "cliclear" sobre referencia ahora propuesta para ir directamente hacia él.

 

Francia 2012

Desarrollo al completo de nuestro personal viaje por tierras Galas, el cual esperamos que sea de vuestro agrado.

 

 

 

JFCamina

 

* Nota General: Observaréis que a lo largo de los documentos presentados apenas se hace mención a temas económicos, tal ausencia no es fortuita, ya que a pesar que pensamos que el coste de la actividad, en contra de nuestras estimaciones, nos ha salido muy bien económicamente, no todo el mundo tiene las mismas preferencias de alojamientos, restaurantes o gastos varios, por lo cual siempre entraña que el coste total tenga un componente muy personal, así que preferimos contar lo que, más o menos, realizamos y después cada cual que se adapte a sus necesidades, razón por la que hemos omitido dar referencias económicas.

 

 


Deja tus comentarios


* Para cualquier otro comentario o pregunta os dejo mi emilio: info@jfcamina.es.

* Para volver a ver otra ruta cliclea aqui: www.jfcamina.es

* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.