León

Laguna de Las Verdes

Babia, 2009 y 2010

JFCamina, 14/04/2010

 

Laguna de Las Verdes

"El Yin y Yang de Babia"

Inicio y fin : Torre de Babia (1.280 m.a.) - León.

Mapa de M. A. Adrados: Somiedo.

Mapas I.N.G.: 77-III "Torrestio" y 102-I "Cabrillanes".

Terreno: Pista terrera y caminos.

Distancia: 11 Kilómetros.

Desnivel: 600 mts.

Recorrido: Circular y Señalizado.


 

Con la Laguna de Las Verdes me ha ocurrido lo mismo que con otras rutas de mi vida, núnca tenía ocasión para ir y de repente... fui en tres ocasiones en un mismo período anual, "esas cosas de la vida" que diría uno. La verdad es que esto es solo una cuestión númerica y anecdótica, porque lo realmente importante es que las tres ocasiones fueron maravillosas y que merecen una historía independiente cada una de ellas.

En esta ocasión vamos a centrarnos en una historia de contrastes, un recorrido en pleno verano y otro en pleno invierno, jugaremos con las fotos tomadas en las dos ocasiones y con nuestras ímagenes, la de Mari y la mía, aunque las dos con un mismo denominador común, el cielo azul, aunque el terreno que pisábamos no era del mismo color, evidentemente.

(En el pueblo hay un cartel que nos indica el recorrido y algún detalle del paraje)

La primera vez que nos acercamos a Torre de Babia, un precioso pueblo de la vecina León, situado a 1.280 m.a., para iniciar la ruta que nos ocupa, era el 16 de Agosto de 2009 y al igual que la tercera, un 21 de Enero de 2010, mientras leíamos el panel de inicio de la ruta los perros del lugar nos recibían con su caracteristico sonido de saludo, son los reyes de esta zona y tienes que tener muy encuenta sus ladridos cuando transistes por sus tierras, de esto último lo comprobamos en la segunda ocasión que visitamos este paraje, un 29 de Agosto de 2009, ocasión fustrada de pasar por la zona de Las Verdes bajando de Peña Orniz.

(Es raro que los perros no te saluden con su habitual ladrido)

El verde y el blanco van a ser los colores que definan la primera y la tercera experiancia de este guapo recorrido, agosto complementado por enero, verano e invierno, calor ó frío, un recorrido lleno de contrastes y muchos detalles dignos de tener muy encuenta si quieres disfrutar de lo mejor que no dá esta excelente tierra de Babia, en la vecina León.

(Al poco de comenzar observarás un letrero-flecha que te indica la dirección, distancia de ida y tiempo)

El recorrido básico, de ida y vuelta, es de unos 11 kilómetros, aunque nosotros en la primera ruta nos pateamos unos 16 con el fin de ir hasta la falda de Peña Congosto para ver la laguna La Recoleta, la cual estaba seca, ¡cosas del duro verano!, pero como suele ocurrir en esto de las andanzas cada uno puede ajustar el trayecto a su medida dentro del objetivo final, que es el ver la laguna de Las Verdes, pues si uno no quiere complicarse la vida mucho pude llegar y dar la vuelta sobre sus propios pasos, ya que resulta mucho más sencillo que hacer la ruta circular propuesta por el panel informativo que en Torre de Babia existe.

(Cerca de los carteles, casi enfrente, observarás la centenaria Torre de Babia)

(Por una amplia calle dejaras atrás La Torre y el pueblo)

El recorrido señalizado comienza en el propio pueblo, el cual tenemos que atravesar en dirección Norte, dejamos a nuestra izquierda La Torre medieval, en verano debemos estar muy atentos porque la fuerza de la vegetación la oculta ante nuestra presencia, con estas distraciones vamos dejando el pueblo atrás. Al llegar al puente que nos permite pasar el rio Torre nos encontramos un molino y la pista, de 4 kilómetros, que nos acercará sin muchos problemas hasta "casi" al final del objetivo del día.

(Vuelves a cruzar el río, te encuentras con un molino y....¡a paetar!)

El año 2010 ha venido con mucha nieve, así que antes de que acabáramos de salir del pueblo ya teníamos las raquetas puestas y no las volveríamos a quitar hasta la noche, otra vez en el mismo sitio, un tema que se agradece porque no es plan de ir cargando con ellas inutilmente, además era precisamente a lo que veníamos, a raquetear para ver las laguna de Las Verdes trasformada en la laguna de "Las Blancas".

El recorrido por la pista es fácil, solo el fuerte calor del verano impide ir rápido, hay que tomarselo con tranquilidad. Mary se va quejando que menudo día escojo para venir a tierras de Babia, ¿no podíamos venir un día nublado?, preguntaba ella con cara de.... ¡Menos mal que íbamos cargados de agua!, elemento muy importante cuando se viene de pateo por esta zona, las fuentes no abundan y hay que hidratarse mucho, es importantísimo, si no quieres tener un golpe de calor que te estropee este guapo día de verano.

Con la discusión inicial de que..¡vaya calor! o ¡qué cambiado está todo con la nieve!, hemos caminado o raqueteado cerca de dos kilómetros y llegamos a la bifurcación de pistas, nosotros tomaremos la de la izquierda, por la otra apareceremos a la bajada, si optamos por hacer el recorrido inicial que nos indicaba el cartel de inicio de ruta. Atrás ya hemos dejado totalmente el pueblo y nos enfrentamos a un precioso cumbral montañero que hará compañía todo el día, de Peña Chana, La Cervata a Congosto, un recorrido veraniego que nosotros realizaremos, por debajo de ellas, ¡claro está!, despues de hacerle la visita a Las Verdes.

Ya con las ideas claras de lo que queremos hacer, ver la laguna de Las Verdes, pues nos tropezamos con gente que aún no sabía que opción tomar, vamos escorandonos hacia el Oeste hasta llegar un paraje que se abre para enseñarnos lo mejor que tiene esta tierra, sus preciosas montañas y sus bellos valles, una tierra de contrastes. El río Torre discrurre silenciosamente, aunque alguna que otra cascada rompe el tranquilo transitar del mismo. Es aquí donde nos encontramos con un gran panel informativo donde nos cuenta el pasado glaciar de esta zona y donde podemos contemplar una foto de la laguna en invierno, con nieve, así que pronto surgió la idea de que tenemos que volver con las raquetas, la verdad que nos lo pusieron fácil.

El discurir no es muy cuesto, aunque evidentemente tenemos que superar un desnivel de casi 500 metros en 5,5 kilómetros y esos hay que ir digiriendolo poco a poco. Para Mary, que no tenía su mejor día de verano, la calurosa subida se le hizo bastante fuerte. Detrás nuestro venía un señor octogenario que pronto nos pegó la pasada, quiero recordar que él no llevaba ni mochila ni...¡cámara de fotos!, nuestra principal distración en el transitar montañero, sirvanos esto como principal disculpa.

Para el raqueteo la pista está muy bien, aunque había mucha nieve y en algunos pasos de ladera, especialmente antes de llegar a la majada de Las Verdes, la situación se puso un poco complicada, pero con mucho tiento y cuidado lo pasamos sin problemas, aunque un servidor, bisoño en esto de las raquetas, lo paso un poco mal, la falta de confianza en el transitar raquetero hacía que fuera con un poco de miedo, pero la prudencia hace que las cosas salgan bien y pueda disfrutar de este precioso paraje invernal.

Despues de caminar o raqueterar durante poco más de cuatro kilómetros llegamos a la majada de Las Verdes, en verano, al entrar en ella nos sale a recibir, traquilamente, un pedazo de mastín que más parecía un burro, por el tamaño digo, ¡uff!, ¡menos mal!, uno traquilo que se acerca sin ladrar y con ganas de que uno le acaricie, bueno, esto último se lo dejamos a Mary que es la que lleva las relaciones públicas con los cánidos, aunque cuando se ponen fieros... En enero nadie nos sale a recibir, el paraje ubicado a 1.580 m.a. está como un desierto de nieve, nada de nada, solo la caseta continúa medio tapada allí.

En este punto vemos que las señales, en forma de estacas de un metro, van por la izquierda, en una subida muy pronunciada, pero la gente tira a la derecha por una pendiente más suave, nosotros seguimos a la masa y vamos por la derecha, hace mucho calor y la cosa no está para muchos esfuerzos, además el paisano va delante nosotros y va por ahí, él paez que sabe por donde va.

La señalización...¡por algo estába donde estába!, ¡no era gratuita!, por el camino que tomanos, no señalizado, era un poco complicado, muy pendiente de ladera y con tierra muy suelta, un pequeño resbalón y podrías bajar al río sin mucho donde poder agarrarse. Tomanos nota de este gran detalle y como ya habíamos decidido volver en invierno...¡por allí no!, ¡por algo estában las estacas...! Extremando las pisadas, no fuera que un resbalón nos estropera el día, llegamos a la hermosa zona de los meandros, una anticipo de lo que nos esperaba o igual de mayor belleza, ¡que verdor! y además...¡en agosto!

Estamos en Enero y con la lección aprendida del verano...¡por algo estába donde estába!, ¡efectivamente!, así que cuando llegamos a la majada seguimos la línea ascendente diagonal que nos van indicando, lo poco que asoman, las balizas de señalización de la ruta. La subida es dura pero nos parece mucho más segura que la otra alternativa veraniega, así que poco a poco y sudando, ya que el sol calentaba un poco, alcanzamos la estaca más alta, después había que atravesar una planicie y bajar hasta la zona de los meandros.

La bajada hasta la zona de los meandros no era cuento, la verdad es que estaba feo, una pindia ladera, a mí, esto de ladear se me dá bastante mal, pero, al igual que en el otro tramo feo, con mucho tiento y tranquilidad lo pasamos y caemos por encima de los meandros, no quería un servidor pensar como estaría el tramo que pasamos en verano, seguro que dábamos la vuelta.

Como era de esperar, el invierno lo cambia todo y nada parece igual, en ocasiones le dá un toque especial, lo feo lo transforma en guapo y viceversa, aquí, creo, que no ocurre eso, en mi humilde opinión personal y para esta ocasión que hemos tenido la suerte de disfrutar, el guapo y brillante verde veraniego gana al blanco glaseado del invierno, aunque todo tiene su singularidad y encanto. Esto tampoco debe ser en todos lo momentos de igual manera, pues he tenido la oportunidad de ver fotografías tomadas en verano y nada tienen que ver con la belleza que nosotros hemos tenido la suerte de contemplar.

¡Al fín!, en pleno mes de Agosto, después pasar bastante calor y dos horas de caminar, a 1.680 m.a., 5,5 kilómetros, llegamos a la laguna, donde seguimos teniendo la oportunidad de contemplar y difrutar del impresioante verde brillante, aderezado el gris calizo de la gran muralla, encargada de custodiar este pequeño tesoro, la pared grisacia del Montihuero. En verdad que era un bonito paraje, mucho mejor de lo que nosotros esperábamos, íbamos pensando que con seguridad no era el mejor mes para encontrar la laguna en condiciones optimas pero... ¡nos equivocamos!, igual no al 100%, porque lo que si había era mucha contaminación acustica provocada por sujetos que no entienden lo de ir a disfrutar de la montaña sin estar dando voces, quizas en otro més, menos turístico hubieramos disfutado más, porque uno se cabrea un poco cuanto se encuentra ante estas situaciones.

En el més de Enero la situación cambió sutancialmente, no había nadie, ni huellas de personas que pudieran contaminar el paraje acusticamente, ¡bien!, nos resarciríamos del trago pasado en verano, la soledad para esto del disfute de la naturaleza es importante, sobre todo cuando uno se encuentra con los incivilizados de turno. ¿La diferencia?, pues... como dice Mary... "un lago tapado por la nieve pierde mucho", algo de razón lleva, pero mereció la pena acercarse hasta allí para contemplar tanta belleza, la cual no se conoce hasta que grado llega si no has gozado de sus mieles.

Aunque ya he pecado, no podemos caer en la tentación de comparar, así que lo mejor es dejarlo correr y dar gracias por haber tenido la oportunidad de poder disfrutar de este hermoso paraje en dos meses diametralmente opuestos y donde la singularidad de este pequeño ricón se ha mantenido intacta ante nuestros ojos.

Un punto y aparte merece la gran mole caliza que resguarda o esconde un poco a la Laguna de Las Verdes, hablamos del Montihuero, de 2.187 m.a., que nos hace pensar que tendremos que volver por aquí a subirlo, no lo podemos dejar de intentar de ascenderlo en una estación benigna, en primavera o principios de verano, ya que los rigores del calor en verarno y la nieve del invierno nos hace renunciar a ello.

Un servidor, en verano, subió hasta la parte superior al lago, donde parece que nace un río y existe la impronta de otra laguna, todo ello al cobijo calizo de Peña Chana, Los Años y Las Coloradas, todas por encima de los 2.100 m.a., todo con fin de sacar la mejor foto panorámica posible. Cuando me vuelvo de la aventura exploratoria, Mary me cuenta que el anciano caminante no tiene muy claro cual sería el camino de vuelta circular, cosa que nos estrañó un poco ya que en todo momento parecía que lo tenía todo muy claro, viendo con la facilidad que se movía, le enseñó una baliza que se vía a lo lejos y para allí se fue.

Este día de Enero había comenzado muy bien, pero a la hora del bocata las nubes se fueron haciendo dueñas del cielo y de la zona de la laguna se hizo cargo el frio, así que dejamos el bocata para más tarde y nos bajamos hasta la majada para dar cuenta de él, aunque como premio a nuestro tesón, la madre Naturaleza nos despidió con algunos preciosos rayos de sol sobre las montañas, que hicieron que nos fueramos con muy buen sabor de boca y unas cuantas guapas fotos, las miradas hacia atrás fueron una constante del camino de vuelta, el cual en esta ocasión lo realizamos sobre nuestras propias huellas dejadas sobre la virginal manto blanco extendido sobre de las laderas de las montañas de nuestra vecina Babia.

En la excursión del verano, la ruta continuó según el itinerario establecido inicialmente en el panel instalado en Torre de Babia, realizaríamos la excursión en sentido circular, aunque las señales de la misma no fueran tan claras, pero el conocimiento del paraje, adquirido en el viaje de ida, hacía que todo fuera más sencillo, ya casi todo nos parecía familiar. Subimos a un monticulo sobre el que se domina todo el paraje, donde le había señalado Mary al señor que se via una estaca de señalización de ruta, a 1.750 m.a. y donde tiraba un poco la brisa, ¡como se agradeció!, nos venía muy bien para las dos cosas que íbamos a realizar: dar cuenta del bocata y descansar un poco e iniciar el camino de vuelta.

Antes de reanudar la marcha, de la segunda parte del día, teníamos que indagar donde quedaba la fuente de La Fonfria, la teníamos señalizada en el mapa que llevabámos y queríamos catarla, el día estaba caluroso y un poco de agua fresca nos vendría muy bien. La encontramos rápidamente y comprobámos que lo del nombre no es gratuito...¡se lo merece!.

La senda de vuelta era un poco más de exploración intuitiva que la de la primera parte, ya que no había pista terrera, las señales era más escasas y alguna de ellas estaban tiradas. Dejamos atrás el enlace por el que bajamos cuando nos descolgamos, 11 días después, al descender desde Peña Orniz (2.191 m.a.), en una gloriosa travesia realizada desde el guapo pueblo de La Cueta, la intención era ir hasta la Laguna Las Verdes, pero cuatro mastines nos avisaron, con sus fuertes ladridos, que que no era buena idea, en el camino se interponía una pieza de carne de la cual ellos estaban dando cuenta, así que les hicimos casos y los dejamos de lado, no fuera que....

Tambien pasamos de lado de otra laguna, por debajo de la Cueña de Cuetalbo, a 1.680 m.a. y 7,5 kilómetros de recorrido acumulados, aunque esta estába seca, solo su verde impronta nos hacia pensar que hasta hace unas semanas allí la pudieramos observar pero en.... Agosto, no iba a ser posible. Casi siempre teníamos la oportunidad de ver pistas que nos indicaban que por donde podríamos ir, eso nos traquilizaba. Llegamos a un paraje, cerca de la majada de Chabuezo, a 1690 m.a., en el que surgía un arroyo, a la falda de la propia cuerda montañera de La Cervata, Mary no se aguanto y se refrecó un poco, estába... friiiiisisma, pero se agradecía.

Llegaba momento de bajarse un poco para enlazar con la pista que nos llevaría al pueblo, pero aún eran las cinco de la tarde y nos apetecía caminar, bueno a mí más que a Mary, ella no tenía el día muy andarín, así que en lugar de bajar tiramos para arriba en dirección a un gran refugio de ganado situado en la zona del El Tremedal, pero antes nos daríamos un susto con un mastín, el estába durmiendo la siesta a la sombra de una gran piedra y cuando se dió cuanta se topó con nosotros, ¡que susto!, "me pillaron dormiendo", pensaría él, apenas reaccionó a ladrar, se nos quedó mirando y nos dejó tranquilos, ¡menos mal!, si llega tener un mal despertar, como habitualmente nos suele pasar a nosotros....

Tras el susto perruno ascendemos poco a poco, con la vista puesta en Peña Congosto, el objetivo era subirnos hasta un collau, situado a 1792 m.a., que nos permitiera observar la laguna que hay entre La Cervata y Congosto, La Recoleta se llama, pero antes teníamos que llegar hasta la gran cuadra de ganado, en este caso estaba rodeada de preciosos caballos. Cumplimos el objetivo semi-fallido, encontramos la laguna, pero al igual que la anterior, solo había su verde impronta, ¡es igual!, ¡mereció la pena!.

Eran las seis de la tarde, teníamos acumulados 10 calurosos kilómetros, habíamos superado un desnivel de ascenso de 600 metros y era la hora de ir pensando en dar la vuelta, ya que si seguíamos llegaríamos, por allí arriba, hasta los mismisimos pies de Peña Orniz y eso era una marcha para otro día cercano, así que con las mismas tomamos una pequeña cumbrera y bajamos, poco a poco, viendo a nuestra derecha toda la bella estampa del Montihuero y el recorrido realizado desde que empezamos la excursión a las doce y media de la mañana en Torre de Babia.

Por el camino observamos alguna impronta de laguna más, bastante agua, más de la que hubieramos pensado inicialmente y mucho ganado vacuno, se ve que el caballar estaba guardando el refugio. En estas chanzas llegamos al entronque con la pista terrera y más a bajo con el enlace que viene de Las Verdes, sobre el cual deberíamos aparecer si hubieramos seguido la marcha normal y sobre el que aparecimos cuando veníamos, 11 días más tardes, de Peña Orniz, bajando por el collau La Cueña. Ahora solo nos quedaba poco menos de tres kilómetros, aunque me parece que no muy bien medidos pero...¡que importa!.

En esta parte baja de la ruta la cascadas son numerosas, el agua baja fria pero...¡apetece mucho!, así que no nos resistimos a pegarnos un guapo chapuzón, en las dos ocasiones que aquí pasamos y en las dos tenemos un muy grato recuerdo, son momentos del camino que, por diversos motivos, son dificiles del olvidar, además vienen muy bien al final de tan calurosas marchas.

Fresquinos y contentos nos plantamos en la interseción de caminos inicial y en un supiro llegamos al pueblo, donde aún tuvimos tiempo para visitar su preciosa iglesia y charrar un rato con los paisanos del lugar, que ante la duda de donde estába la fuente, nos ofrecieron agua de su propio casa, que según decian era mejor que la de fuente.

En este corto período de medio año hemos estado tres veces en Torre de Babia y las tres pasamos por la zona de Las Verdes, creo que antes de acabar el perído anual volveremos ya que tenemos pendiente la subida hasta el Montihuero y con seguridad que bajaremos por la canal que nos lleva hasta La Laguna, pienso que pasaremos un buen, día al igual que el resto de los otros tres.

Ahora solo queda dejar un pequeño video sobre las excursiónes realizadas, el cual puede despejar alguna duda a los que no estén convencidos de la singular belleza de este paraje de Babia, en la vecina y querida León.

 

Espero que este personal reportaje os gustara, no he tratado, asunto muy difícil en mi persona, de contar las excelentes experiencias vividas con las personas que nos acompañaron en dos de las tres excursiones, sino de ofrecer el "Yin Yang de Babia", solo eso, el resto quedará, espero, para un futuro.

JFCamina.

 


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