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León

Regato del Monte Bodón

Canseco, 10/2011

JFCamina, 10/2011

 

Regato del Monte Bodón

(Un paseo otoñal por el bosque a la vera de un regato)

Mapas ING: 103-II "Villamanín" (1998)

Inicio y fin : Canseco, Ayto. Carmenes, León.

Recorrido: Puentes antes de Canseco (1200 m.a.) - Inicio bosque (1300 m.a.) - Paseo por el bosque hasta los pies calizos de la Sierra del Mediodía (1480 m.a.).

Distancia: ± 4,0 Kilómetros = 2,0 x 2

Tiempos: 1 h. 35' horas = 1 h + 35'

Desnivel: 280 mts. de ascensos más su correspondiente descenso.

Terreno: Pista que se va perdiendo, poco a poco, en el bosque.

Señalizacion: No.

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Habíamos decidido volver a feriar algo hasta el pueblo de Boñar en León, hacía muchos años que por allí no íbamos y queríamos revivir viejas costumbres. Tras comer y reposar un poco en el Soto, a la vera del río Porma, y a la vista de que observábamos que el otoño había comenzando con fuerza en la vertiente Sur de la Cordillera recordamos que tenemos unas notas en la mente sobre un precioso bosque por la zona de Canseco. De esta manera iniciamos una pequeña excursión en coche hasta dar con el paraje: Boñar, La Vecilla, río Curueño arriba, Valdepielago, Nocedo, Valdeteja, Valverde, Carmenes, dirección puerto Piedrafita, por la LE-311, en Pontedo, giro a la derecha, y, por la carretera vecinal, CV-103-15, al puente medieval de Canseco. Esquematizandolo fluvialmente, pasamos del río Porma, al Curueño y, finalmente, al Torío.

(Canseco, CV-103-15, Ayto. Carmenes, León, ± 0,0 K / 1200 m.a. / 18:00 h.)

No tenemos que llegar al pueblo de Canseco, unos dos kilómetros antes, justo cuando empieza la foz que nos daría la entrada al pueblo, a mano derecha, nos encontramos con dos puentes sobre el río de Torío, el primero es, más o menos, moderno, unos pocos metros más arriba nos encontraríamos con otro de corte medieval pero a este no tenemos que llegar, cruzaríamos el primero y tardaríamos un poco en aparcar, no hay mucho espacio y lo poco que existe está ocupado por dos vehículos, se ve que no somos los únicos que sabemos de esta preciosa joya bosquera.

Tras conseguir apacar tomamos un pista terrera río de Torío abajo y a los pocos metros gira a la izquierda para ir pareja al regato del Monte Bodón, tras el recodo vemos el bosque pegado a los contrafuertes calizos de la Sierra del Mediodía, aunque el mismo ya lo teníamos divisado desde la carretera que viene de Pontedo.

(Inicio del bosque a la vera del Regato del Monte Bodón, ± 1,0 K / 1300 m.a. / 18:20 h.)

La idea era conocer la ubicación exacta del paraje y ver si el mismo había adquirido la cromática característica de la estación otoñal, así que no tomamos notas, solo llevábamos encendido el GPS para que nos registrara la posición en el mapa y poco más, no tomamos ni distancias ni tiempos, al final, en una servilleta anotamos unos datos que aún perduraban en nuestra memoria.

Después de transitar durante un kilómetro a la vera del regato, que llevábamos a nuestro lado derecho, el del Monte Bodón, nos encontramos con una sierra caliza, la del Mediodía, la cual, en su falda, está completamente cubierta por una zona boscosa de hayas (fayas), El sol aún brilla, aunque lateralmente, iluminando las blancas calizas y la techumbre del hayedo (fayeu), en la cual destacan los ocres, aunque no parece que en la base esta tonalidad goze de la misma extensión.

Al poco de adentrarnos en el "fayeu", observamos que nuestras primeras impresiones no eran muy correctas, el otoño había entrado en la pronfundidad del bosque, lo cual nos animó y nos adentramos en él con ganas, aunque esta no era nuestra intención inicial.

La ancha pista se adentra en el "fayeu", aunque según vamos avanzamos la misma se va diluyendo poco a poco entre los jovenes árboles que componen la parte baja del mismo. Transitamos por ella sin apenas desviarnos, este no es el objetivo del día, si nos escoráramos a la derecha nos podríamos adentrar en la profundidad de la masa forestal pero perdiendo la referencia de la traza por la cual transitamos, aunque creo que esto no sería mucho problema, seguro que los farallones calizos nos dirán cuando tenemos que dar la vuelta, aunque tampoco tenemos que confiarnos y ser prudentes en este tipo de aventuras, no sea que la desorientación nos juegue una mala pasada.

(A pocos metros de introducirnos en la masa forestal observamos que el otoño cromático ha entrado en ella)

Ante la abundante gama de colores otoñales nuestra cara se iluminó aún más, nos animamos a caminar y desechamos solamente hacer una exploración inicial, así que comenzamos a observar con detalle todos los pequeños rincones que nos vamos encontrarndo en nuestro avance.

(Con ganas comenzamos a observar con detalle todos los pequeños rincones)

Llevamos las dos cámaras de viaje, Mary se ocupa de grabar en video los detalles que considera más interesante, al final de este pequeño reportaje fotográfico os dejaremos el producto final del mismo. La otra cámara se centra más en tomar muestras fotográficas de las belleza que este pequeño fayeu guarda en sus entrañas, aunque tenemos un pequeño fallo, la improvisación de la actividad que estábamos realizando impidió que portáramos nuestro habitual trípode, con lo que alguna de las fotos saldrían un poco movidas, eran más de la seis de la tarde y la luz ya no eran muy buena.

(¡Guapo!, ¿no?)

Ya comentamos al comienzo que la ruta que íbamos a la vera de un regato, la propia palabra nos indica que su caudal, en circunstancias normales, no es muy grande, en esta ocasión, a la vista de la sequía de los meses de septiembre y octubre, el mismo apenas se percibe, solo un pequeño surco discurre oculto por las hojas caidas. Mary se resistía a marcharse sin plasmar al líquido elemento con su blanca cámara, insitía una y otra vez hasta que conseguió una guapa postal del Regato del Monte Bodón.

(Mary insiste, una y otra vez, en reflejar fotográficamente al regato que llevamos por compañeros)

(Al final, obtiene, unas guapas postales del Regato del Monte Bodón)

Un servidor se centra más en el camino y sus bordes, una de mis obsesiones, además de los numerosos pequeños detalles que en mitad de él uno se encuentra, unas hojas, una florina o alguna xana Astur recién salida del agua, siempre uno encuentra un buen número de bellos motivos que fotografíar y en el paraje donde nos encontramos los mismos abundan generosamente.

(En el camino uno encuentra un buen número de bellos motivos que fotografíar)

Llegamos a un punto del bosque, donde la pista se ha difuminado dentro del mismo, en el que nos encontramos con las fayas cubiertas con las famosas “barbas de San Jorge”, signo de calidad ambiental, eso que tanto nos gusta a todos, aunque a veces no respetamos nuestro entorno tanto como se merece. Las verdes barbas se entremezclan con el gris plata de la corteza y los verdes-ocres de las hojas, dejandonos unas bellas imágenes, las cuales, en ocasiones nos asustan un poco por su toque fatasmal, otro precioso detalle más para la caja de los tesoros del paraje que estamos explorando.

(Nos adentramos en la zona de las barbas de San Jorge)

(La cámara se vuelve loca, una foto, ...)

(... otra...)

(... y otra)

En este punto del fayeu la cámara se vuelve loca, uno dispara sin sentido, tratando de tomar la mejor foto de los barbudos detalles, hasta que uno se da cuenta que esto no es aislado y que, a partir de aquí, forma parte del singular paraje en el que esta hermosa tarde de otoño nos encontramos, ya no hay manera de olvidarse de él.

(Ya no hay posibilidad de rasurar las barbas, serán nuestra compañeras en el resto del camino)

Si no fuera por los bordes no nos daríamos cuenta de que vamos caminando por una pista, ya hace tiempo que nos hemos olvidado de ella. La gama de colores ocres aún no es muy fuerte, pero tiene el tono justo para destacar ante el resto, sobre la gama de verdes, los que uno puede encontar en las hojas y en el musgo (mofo), al igual que la gama de colores varios que cubren la corteza de las fayas.

(De los verdes de las hojas y el musgo, a los grises de la cortezas)

Son cerca de las siete de la tarde, el cielo azul nos había quedado atrás hace un buen rato, pero hemos subido más de cien metros de altitud, desde que nos adentramos dentro de la masa arbórea, y, poco a poco, volvemos apreciarlo, parece que las copas de las fayas nos dejan ya verlo, parece que estamos llegando a un extremo del fayeu, además incluso, vemos alguna roca caliza que otra.

En nuestro cómodo y placentero transito no habíamos contemplado ninguna seta, hasta que Mary me llama y me marca una sobre un "fantasmagórico" árbol, bueno en lugar de una había dos, para compesar.

(Un par de setuques sobre un "fantasmagórico" árbol)

Después de una hora ascendiendo en una única dirección, de Noroeste a Sureste, alcanzamos un claro y lo que parece una collá a mano izquierda, la impronta de la pista parece que continua a la derecha, suponemos que hasta estrellarse sobre los contrafuertes de las calizas de la Sierra del Mediodía. El interés de lo que se contemplará desde la collá es más fuerte que continuar por el bosque y salimos a ella, como despedida de este de ascenso, de cerca de un kilómetro, por el bosque nos despiden las hojas más brillantes.

(Las hojas más llamativas y brillantes nos las encontramos casi al final de la cuesta)

Sobre la siete de la tarde, una hora después de haber aparcado el coche, alcanzamos una collá lateral de la sierra caliza sobre la que se resguarda el fayeu, una preciosa picacha caliza destaca sobre el resto, miramos el mapa y no nos facilita ningún nombre, tiene una altitud de unos 1800 m.a., un excelente objetivo para otra ocasión, siempre hay que tener motivos extras para volver a parajes tan especiales como en el que nos encontramos, aunque realmente nos sobran.

(Después del fayeu.... ¡las calizas de la Sierra del Mediodía)

Hemos afrontado esta pequeña exploración improvisada, solo con unas referencias mentales, sin ningún tipo de preparación, sin mochila, sin ropa de abrigo y sin... ¡tripode!, pronto se apagará la luz, tampoco portamos linternas, así que no nos queda otro remedio que dar rápidamente la vuelta, no queremos que la noche nos pille por el camino, así que con la esperanza de volver otra vez regresamos sobre nuestros propios pasos y en poco más de media hora deshacemos el camino.

En esta ocasión el trabajo de reflejar todo lo que hemos contemplado en este corto paseo fue repartido, un servidor se encargó de las fotos y Mary del filmar, el primer trabajo ya lo habéis visto, hora queda que realizeis un repaso a lo anteriormente visionado arrancando el video con los momentos más representativo de nuestro guapo paseo.

 

Al poco de salir del bosque, echamos una mirada hacia atrás y observamos como los últimos rayos de sol iluminan la guapa peñasca caliza que anteriormente requería nuestra atención, bajo ella las copas de las fayas aún brillaban dejandonos una guapa postal, una manera de invitarnos a volver a caminar por Canseco.

La última foto de la jornada fue para el viejo puente sobre el río de Torío, un precioso arco petreo de medio punto une las dos partes de la foz, cuando a él llegamos marchaba el penúltimo coche que allí había aparcado, solo nos habíamos cruzado con una familia haciendo, más o menos, el mismo recorrido que nosotros hicimos, a esta última pareja no nos la encontramos, debieron buscar otra opción de paseo por el bosque diferente.

Casi siempre procuro dejar el dibujo del recorrido de la jornada sobre del Google Earth, en esta ocasión está más que justificada esta impresión de pantalla, en la misma podemos observar claramente la Sierra del Mediodía y el fayeu que se resguarda bajo ella, el cual parece que quiere alcanzar la cumbre, también visualizaremos claramente los registros de nuestro GPS en los distintos zig-zags que realizamos en la contemplación de tan especial paraje en un recorrido básico y de urgencia.

(Dibujo del recorrido de la jornada sobre del Google Earth)

El día resulto guapo de verdad, una mañana de recuerdos y una tarde por el bosque, ¡no está mal!, ahora solo quedaba bajar a Carmenes, pasar a Villamanín y, puerto Pajares abajo, llegar a nuestra casa en Mieres del Camín, un hora de coche para unos 60 kilómetros, una excelente opción otoñal la cual esperamos repetir.

 

JFCamina

 

Para referencias sobre la zona correspondiente en www.jfcamina.es


 

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* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.