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Sierras Costeras
El Sueve
Asturias

Musgos del Sueve

Gobiendes, 04/2009

JFCamina, 02/2010

 

Musgos del Sueve: De Fuente Obaya a La Biescona.

Dos pequeños paseos para conocer los rincones más musgosos de la Sierra del Sueve. Hablamos de Fuente Obaya y el jurásico bosque norteño de La Biescona. Seguro que no te dejarán indiferentes.

Inicio y fin : 04/2009

Mapa: IGN 30-II “Colunga”.

Terreno: Montaña, Ríos y Cascadas, Bosques y Minas abandonadas.

Creative Commons License


Esta “pequeña” excursión surgió mediante las relaciones que uno va realizando gracias a los espacios web por los que se mueve. Un ciber-amigo al ver las fotos de la cascada del Asón me sugirió que visitara Fuente Obaya en el Sueve, al comentárselo a otro me contestó: ¿conoces La Biescona?, miro en el mapa y observo que está todo muy cerca, ¡gracias chicos!.

Así que, con las buenas ideas y los sabios consejos recibidos, al día siguiente organizo el día entorno a la base de ladera norte del Sueve.

El coqueto pueblo de Gobiendes, en Colunga - Asturias, será el punto de referencia para las dos excursiones, separadas por unos escasos kilómetros de asfalto. La visita a la iglesia de Santiago es obligada, está declarada Patrimonio Nacional y lleva en ese lugar sobre una decada de siglos, argumentos más suficientes para hacer una parada, además, el horizonte marino del mar Cantábrico da un toque especial al eclesiastico paraje.

 

* Fuente Obaya.

Tras visitar el Centro de Interpretación del Sueve, sito en el citado pueblo, nos introducimos por el pueblo entretenidos leyendo los paneles explicativos sobre el hórreo, contemplando las bonitas casas y fijándonos para encontrar el indicador que nos lleve al objetivo deseado.

En la zona de La Torre en una plaza formada por dos grandes casas señoriales y un hórreo encontramos el amplio camino que nos llevará hasta el río y el cual debemos tomar. Llevamos una semana de lluvia y el barro se deja notar.

Las vistas sobre el horizonte marino son muy amplias, no entran en el objetivo de nuestra cámara, en medio del pueblo una hermosa y verde pradería, detrás nuestro se encuentra toda la ladera norte de la Sierra del Sueve.

Vamos descendiendo poco a poco hasta llegar a ir en paralelo al cauce del río Espasa, el cual no debe nacer muy lejos de aquí. Debemos sortearlo, nos habían dicho que para ello había que pasar por encima de un tronco, bueno eso parece que ha quedado en el olvido y ahora han hecho un puente de madera muy especial.

La peculiaridad de éste, está que tanto para entrar como para salir hay que sortear un árbol, ¿entonces?, resulta curioso y la vez gracioso, un buen tema de conversación lucubrando sobre los motivos que llevaron a situarlo en aquel punto concreto.

Dejado el puente atrás pronto nos encontramos con un deposito de agua, que iba totalmente desbordado, no podía con tanto líquido elemento. Es aquí donde podemos comenzar a disfrutar de lo que nos habían dicho: Fuente Obaya.

Un sinfonía de agua y color que manifiesta con exactitud lo que los publicistas han querido transmitir con la frase “Paraíso Natural”, existen numerosos rincones de nuestra querida Asturias, que pueden representar el citado mensaje, en esa amplia relación debe estar este paraje, especialmente en el estado actual, donde la lluvia ha sido generosa y la naturaleza se muestra en todo su esplendor.

Como no podía ser de otra forma nos ponemos a tomar fotos como locos, aunque después llegamos a casa y observamos que no nos han salido tan bien como deseábamos, pero que le vamos hacer, siempre aprendemos algo más de los errores y seguramente no será la última que nos dejemos caer por Obaya.

El norte plasma aquí todo su potencial siendo muy generoso con la floresta y cubriendo todo el paraje de una amplia capa de musgo (mofo) que utiliza toda la gama de verdes que nuestra vista llega a alcanzar, donde los helechos (felechos) de grandes dimensiones son, también, protagonistas de estas magnificas escenas. Vemos el primer molino destruido, totalmente integrado en el entorno al estar cubierto totalmente de musgo, la tubería de canalización del agua corre la misma suerte.

Las indicaciones que nos habían facilitado nos decían que los molinos quedaban a nuestra derecha, pero una pisada senda pasaba por detrás del primer molin, seguimos por una estrecho y empinado “camino” que nos lleva hasta otro segundo molin, vamos con mucho cuidado, agarrándonos a donde podemos, pues el terreno está muy resbaladizo, pensamos que en la bajada habrá que tener mucho más cuidado.

Aprovechamos cualquier descansillo para sacar unas fotucas e inmortalizar tan excelente momento con nuestras imágenes. Pronto nos encontramos con el otro molin y observamos que no hay más camín, solo una ligera línea de pisadas sobre el viejo muro del musgoso edificio, se ve que la gente, ¡temeraria ella!, en ese afán de verlo todo, se arriesga en exceso.

A nuestra derecha observamos una pequeña cueva, ¡no!, ¡es un tunel!, no nos resistimos y buscamos nuestras linternas para explorarlo, ¿hacia dónde nos llevará?, ¡allá vamos!.

El paisaje que nos encontramos al final del túnel es similar al anterior pero sin agua, pues por aquí no observamos ningún río. Exploramos la peña que atravesó el pasadizo, nos encontramos con una húmeda pista terrera, que seguramente es la que nace al lado del puente y vemos que no mejora nuestras vistas sobre el objetivo que hasta aquí nos trajo, por lo que damos la vuelta.

Desconocemos el fin último de este túnel, seguramente, comentado esto con nuestros ciber-amig@s, era una vía de servicio para los molinos, ya que como podemos observar a la vuelta, caemos justo sobre el segundo molín, el más grande, pero esto es una lucubración porque realmente lo desconocemos.

Ya explorada la zona hacemos caso de las indicaciones y nos metemos un poco por la orilla del río dejando los molinos a nuestra derecha. Poco avanzamos pues el caudal es muy fuerte y no podemos adentrarnos mucho, solo justa hasta la base del segundo molín.

Parece ser que adentrándose por el cauce del reguero se llega hasta la roca donde nace, o sea, Fuente Obaya, pero en esta ocasión no va a ser posible comprobarlo con nuestros ojitos, nos conformamos por visionar unas fotos que nos enseñaron. En la vida no se puede tener todo, este impresionante torrente y el poder pasar cómodamente, lo uno impide lo otro, así que nos damos por ampliamente satisfechos y tras tomar un significativo video nos damos la vuelta.


Sin darnos cuenta, entre tanto, agua, musgo, helechos, frondosos árboles, molinos, túneles, tuberías y muchas fotografías, se nos echó encima la hora del bocata, pero con tanto agua, ¿dónde sentarnos a comer?, la cosa estaba difícil, aunque rápidamente los dos pensamos en el mismo lugar: ¡en el puente!

 

Por si el texto y las fotografías nos han sido suficiente para mostraros la belleza que allí contemplarmos, os dejo un pequeño video sobre este paraje a los pies del Sueve.

 

 

Deshacemos el camino andado, otros dos kilómetros aproximadamente, y tomamos el coche para acercarnos por la carretea del Fitu (AS-260) hasta lo que se conoce como Casa Julia, un poco más arriba del Mesón el Rancho, donde hay un buen lugar para estacionar el coche e iniciar el segundo paseo del día.


* La Biescona.


Nosotros habíamos leído este nombre como una vía de acceso al Picu Pienzu, el gran paladín del Sueve, pero teníamos muy poco conocimiento del valor natural y la belleza que esta garganta llega alcanzar. Ahora sabemos que en este paraje se da una peculiaridad muy singular, dicen que nos encontramos con el bosque de hayas (fayas) mas bajo de Europa y además parece que se da un proceso de inversión muy especial, pues la faya, normalmente, no crece por debajo del roble.

Sin tomar el cafetín de la sobremesa, iniciamos el camino por la pista que sale, a la derecha de la carretera subiendo, por detrás del edificio allí ubicado, sorteamos algún charco que otro y pronto nos saldrá a recibir un joven cachorro de pastor alemán, ¡menos mal!, ya creí que no podíamos continuar la marcha sin tener que enfrentarme a un perro celoso de los gochinos que cuidaba, como era de prever, se arrima a Mari y entablan amistosa relación.

Apartamos, momentáneamente, un poco uno de los palos de la portilla y tras volver a colocarlo en su sitio iniciamos la marcha en dirección a la garganta que claramente vemos, atrás dejamos una fuente y un depósito de agua.

Pronto nos encontramos que el camino está inundado de agua, no tardamos mucho de ver de donde viene, sale de una caseta que guardan dos bombas, las cuales están totalmente cubiertas del agua que rebosa a borbotones.

Una mirada hacia atrás y observamos el mar Cantábrico, pero ahora eso no toca, las miradas al frente ya que pronto observamos la presencia de un jito que nos indicará el camino a seguir, aunque con un poco de intuición montañera es suficiente.

Nos vamos adentrando suavemente bajo un manto formado por las nuevas hojas que la una nueva primavera nos ha traído, las árgomas van marcándonos los bajos de los pantalones, bueno en mi caso, pues Mary, que ya ha puesto los cortos, los pinchos le rascan las pantorrillas.

El rugir del río nos acompaña en este primer tramo ya que el mismo desaparecerá no tardando mucho, enseguida llegamos a unas edificaciones cubiertas de una amplia capa vegetal, estamos, otra vez, en el reino del musgo, el norte impone su ley. Nos encontramos en las minas abandonadas de la Toya, esto lo sabemos porque lo llevamos apuntado, pues en caso contrario lo podíamos interpretar como un antiguo asentamiento humano y nos olvidaríamos de buscar la bocamina que allí se encuentra.

Un gran árbol caído y un argayu nos tapan la entrada, nos acercamos hasta ella y escuchamos un momento, percibimos el tranquilo sonido que hace las gotas de agua al caer a lo largo del travesal. Salimos entre los muros de un edificio y nos topamos de bruces con un matorral del que cuelgan unos viejos calzoncillos, una estampa muy simpática, aunque un poco fuera de lugar en un paraje que debemos de cuidar.

El río ya no lleva agua, parece que se ha canalizado para aprovecharlo, a partir de aquí ya no llevaremos compañía, solo alguna vez que otra, aparecerá un pequeño reguero lateral que pronto se pierde.

Hay muchos árboles caídos y cubiertos de musgo, el verde es el color de moda en este paraje, en todas sus gamas, no hay lugar para otros colores, ya que no vemos ni el azul de cielo.

Nosotros nos adentramos dentro de la garganta, estamos ya inmersos en la Riega de La Toya, en un primer estadio caminamos a través de un paso elevado paralelo al supuesto cauce del río y después dentro del propio cauce seco del mismo.

Caminamos un buen trayecto por el cauce acompañados de restos de árboles y piedras, llaman nuestra atención los Texos que allí contemplamos, miramos a nuestra izquierda y vemos una riega que desemboca a nuestros pies.

El camino se aparta del cauce del río y asciende fuertemente por la derecha, esto nos permite observar la magnitud de donde nos encontramos. El terreno está muy resbaladizo, hay que tener cuidado de no resbalar.

Nuestro pausado avance es cada vez más tranquilo en la medida de que las fayas van creciendo de tamaño, aparecen detalles que distraen nuestro caminar, unas grandes raices superficiales, una dolina sobre un tronco a modo de pila bautismal, etc…

Un rebaño de ovejas, rompe la paz del lugar, las cencerras y, especialmente, las voces del pastor se encargan de ello, le cuesta trabajo hacerse entender y ellas no le obedecen mucho, nuestra presencia ayuda muy poco a tal fin, provocamos que se desvíen de su camino. Charramos un poco con el pastor y este comenta que lo más duro ya ha pasado y ahora queda terreno más llano, así mismo nos anuncia que un poco más arriba bajaba otro rebaño, pero en este caso de cabras.

Efectivamente así era, pero las saltarinas cabras eran aún más duras de pelar que sus compañeras las ovejas, su pastor vociferaba muchísimo más que el anterior, por suerte no llegamos a interponernos en su camino.

Estamos llegando a la parte alta del bosque de La Biescona, la garganta se va abriendo, tal como nos había comentado el pastor, el terreno es mucho más suave, aquí las fayas son más majestuosas y vistosas, la amplitud de espacio permite observar los árboles mucho mejor y retratarlos, ¡por supuesto!


Como final del bosque nos encontramos con una enorme faya, un portento de la naturaleza o del paso del tiempo, ¿cuantos años tendrá?, aún no esta cubierta de hojas y podemos observar claramente sus fuertes brazos. Es el mejor lugar para sacar la típica foto de familia que inmortalice nuestro paso por tan magnifico paraje natural.

Subimos unos metros más y nos encontramos ya con las praderías del Llano del Bustacu, vemos la gente que baja del Pienzu y la niebla que cumbre la cumbre del Babú.

Son casi las seis de la tarde, ¡una pena!, pues si hubiera sido una hora menos igual nos animábamos y nos plantábamos en la cumbre de la gran cruz, El Pienzu (1.125 m.a.). Habíamos comenzado la excursión a unos ± 180 m.a. y ahora, hora y media después, nos encontrábamos a ± 580 m.a., un bonito y contemplativo desnivel entre Tilos, Ablanos, Fayes, Texos, Carrascos, Robles y, sobre todo, mucho musgo (mofo).

El regreso fue más rápido, no en vano descendíamos, pero con mucha precaución, pues el terreno estaba muy resbaladizo, nos llevó una hora, nos encontramos con bastante más gente que al subir, curiosos como nosotros de conocer tan singular paraje.

Eran poco más de la siete de una soleada tarde de primavera, por lo que nos permitía acercarnos hasta La Espasa para, con el deseado cafetín entre los labios, contemplar el tranquilo mar Cantábrico y comentar los excelentes escenarios contemplados en la ladera norteña del Sueve.

 

JFCamina.

 

 


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* Aviso: En estos documentos solo tratamos de narrar la experiencia personal vivida al realizar nuestros recorridos, los itinerarios que aquí describimos son orientativos. Queda a la responsabilidad de quien realice la ruta el tomar las medidas de seguridad apropiadas para cada dificultad, que dependerán muchas condiciones, entre ellas el estado del terreno, la altitud, la meteorología, etc... así como la preparación tanto técnica como física de las personas que realicen la actividad.